De cuando llegó el fútbol profesional a Cartagena

Por aquel tiempo, cuando en Cartagena se vivía de unos triunfos lejanos en el beisbol, cuando a los niños se les animaba para que jugaran a la pelota caliente, cuando se libraba una guerra silenciosa entre el fútbol y el beisbol en la cuidad, llego una afortunada desgracia a la cuidad de Santa Marta que lo cambiaria todo en Cartagena y decretaría el fin de esta guerra a favor del fútbol.

Fue por allá en 1991 cuando los directivos del Unión Magdalena se dieron cuenta que no era rentable jugar en Santa Marta y decidieron probar en Cartagena. El equipo se llamaría Unión Lotería La Cartagenera, que después fue abreviado a Unión La Cartagenera. Hasta entonces, el único vínculo de Cartagena con el fútbol nacional era Wilmer Cabrera (hasta donde mi conocimiento me da, un cachaco nacido “de leche” en Cartagena) y Jaime Morón, un rapidísimo delantero cartagenero que fue figura en el club Los Millonarios en los 70s y que jugó algunos partidos con las selecciones Colombia en diferentes categorías. Me cuentan también que por allá en los 70s, el Bucaramanga, al parecer por los mismos motivos que el Unión, vino temporalmente a Cartagena y se llamó Real Cartagena. Ese experimento tampoco duro mucho.

En todo caso, por lo que recuerdo de lo que viví en esa época, creo sin temor a equivocarme que la llegada del Unión fue la estocada final. El fútbol ya se imponía poco a poco, no solamente porque era más barato y fácil practicarlo, sino porque también en el fútbol habían figuras y referentes de altísimo nivel, de esa generación que Maturana descubrió en los 80s y que emocionaba a todo un país con sus logros, estilo y resultados. Los mismo pelaos que uno se encontraba en las prácticas de beisbol eras lo mismos que te encontrabas más tarde en las prácticas de fútbol. Cuando llegaron Rentería y los hermanos Cabrera ya era muy tarde. Cartagena nunca olvido el beisbol ni muchos menos, de hecho, ahora más que nunca siguen saliendo peloteros para la MLB, pero ya no es ese deporte de masas que estaba arraigado a la cultura cartagenera.

En fin, cuando llego el Unión, el furor fue impresionante. Al fin íbamos a tener fútbol profesional en el legendario (aun sin terminar y cayéndose a pedazos) estadio Olímpico Pedro de Heredia (ahora llamado estadio Jaime Morón). Dicho sea de paso, no entendí nunca eso de Olímpico. Igual, nada más pasar por ahí, hacía soñar a miles de Cartageneros.

Estadio destruido

Por cosas del destino, fue mi mama la que nos llevó, a mi hermano a mí, al estadio a ver el primer partido. Unión La Cartagenera vs. Los Millonarios. Llegamos tarde, muy al estilo costeño, y ahí como pudimos entramos a la sección de sombra (sección que en la mayoría de los estadios se llama occidental). La sección oriental, norte y sur era llamada Sol, y era de sol, pero de sol bravo. No habían sino unas gradas de cemento quebrado alineadas con el centro del campo y el resto era monte y piedras. Con ese monte seco vi varias veces unos hinchas hacer fogatas y brincar todo el partido alrededor del fuego con una pancarta del Che Guevara (“exijo una explicación” como diría Condorito). Finalmente, ese día nos fuimos colando al segundo piso cuando iban como 30 minutos del primer tiempo. Como solo pudimos llegar a subir las escaleras, porque a cualquiera que intentara subir más allá le mentaban la madre, nos vimos lo que faltaba del primer tiempo arrodillados, a través de los huequitos de las barandas (me recordó mucho cuando tocaba verse las películas sentado en las escaleras del teatro Cartagena). Desde ahí se veía gente trepada en la Plaza de toros viendo el partido de “gratiniano”.

Union la Cartagenera vs Millonarios

El partido era lo de menos para mí mama, ella se juagaba un partido aparte con los nervios. No era para menos, esa vaina parecía que se iba a caer. Parecía pegado con mocos. La verdad, yo tenía miedo también. Aprovechamos el entretiempo para retomar fuerzas y bajamos, pero no fuimos capaces de volver a subir. Nos acomodados en la zona baja, cerca de la salida del camerino local, y ahí, desde un ángulo menos atractivo, nos terminamos el partido.

Me llamo la atención la fuerza con la que soplaba la brisa. En cualquier balón aéreo o saque de meta, era impresionante como el balón se detenía en el aire. Era como si el ciclón bananero se hubiera traído con él la tronco de brisa que hacia allá, en el Eduardo Santos de Santa Marta. También me sorprendí cuando por primera vez escuche a más 10 mil personas gritarle “hijueputa” a una misma persona. Era un corito pegajoso que re repetiría muchas veces en ese estadio al cual me unía siempre que el “hijueputa” del árbitro se lo mereciera. ¿Cierto que se sentía un fresquito? ¿No se si recuerdan también a un man que se paseaba en la planta baja de un lado para otro y cada vez que pasaba le gritaban “SAPO, SAPO”?, ¿Alguien sabe quién era y porque le gritábamos así?

Si la memoria no me falla, recuerdo especialmente a dos jugadores. Al Loco Jorge Rayo, un arquero que me parecía bastante bueno pero que muchos consideraban una imitación de tres pesos de Rene Higuita. El otro era el “Rambo” Sosa. No sé si era tan infalible como lo recuerdo pero era el referente de ataque y le vi varios goles al estilo de Cabañas. Ese día en Millonarios tapó un tal Oscar Córdoba.

Real-CartagenaEl Unión volvería poco tiempo después a ser nuevamente el Unión Magdalena de Santa Marta, pero no se llevó el fútbol con él. El Sporting de barranquilla, un equipo sin muchos hinchas, termino en Cartagena. Fue un movimiento lógico después de haber despertado al monstro de la afición por el fútbol en Cartagena. Había mercado y el billete estaba ahí. Así nació nuestro amado Real Cartagena que conocemos hoy.

La felicidad no duro mucho. Casi que simultáneamente crearon ese cuento del descenso a la categoría B del ultimo equipo del torneo del fútbol profesional. El primer  equipo en descender ya tenía nombre. Se sabía que seriamos nosotros. Ese año fue literalmente la crónica de una muerte anunciada. El Real bajo a la B y duro ahí mucho tiempo. Volvió a la A y alcanzo a jugar una final contra el Deportivo Cali. Desbarataron al equipo, cambiaron de técnico y lo condenaron nuevamente a la B, que nuevamente lo recibió con los brazos abiertos. El Real se convirtió en el primer equipo en descender dos veces (creo que el Cúcuta acaba de lograr la misma hazaña). Precisión : a la fecha ya van cuatro descensos.

 Cartagena siguió y seguirá acompañando al equipo y no quedaron dudas de que el amor por el fútbol sobrepasó los infortunios de nuestro equipo profesional. Cartagena siguió siendo tierra de fútbol y gracias a eso y a una buena gestión del gobierno distrital, la FIFA la acepto como sede para algunos partidos del Mundial Sub-20 que se jugó en Colombia en 2011.

Estadio Jaime Moron

El estadio, completamente remodelado, quedo a la altura de las exigencias FIFA para albergar lastimosamente partidos de la B del fútbol colombiano. Una verdadera lástima para esta afición que ya demostró que merece más.

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