A propósito del fútbol y la playa

playa-hotel caribe-cartagena-colombiaLo primero que quiero aclarar es que el “fútbol playa” y “jugar fútbol en la playa” no son lo mismo. Eso que nos muestran en la televisión llamado fútbol playa es lo menos parecido a lo que se juega en las playas de Cartagena, y supongo que en cualquier otra playa del mundo.

Esas chilenas, medias voleas, palomitas, pases aéreos y otro malabares con el balón no representan el fútbol que jugué durante toda mi adolescencia en las playas de Cartagena.

Sin cita previa, sin avisos, ni llamadas, desde las tres de la tarde empezaba la faena y comenzaban a formarse los equipos que arrancaban y los que “desafiaban” a un gol o 10 minutos. Se sabía que se jugaba hasta que el balón no se pudiera ver o hasta cuando los policías pasaran pitando para que los cachacos se salieran del agua.

Jugábamos como si estuviéramos sobre césped, quizás nos imaginábamos en el Camp Nou o algo así. La irregularidad de la arena entre seca y caliente o dura y mojada no impedía que tuviéramos el reflejo de parar, transportar, driblar, maniobrar o hasta amasar el balón. Hasta hacíamos paredes cortas a ras de piso. Todavía me pregunto cómo hacíamos, si solo para parar el balón  había que desarrollar un cierto sentido arácnido que permitiera adelantarnos un milisegundo para poder poner el pie a donde el balón se suponía debía llegar. Algunos más talentosos hasta se “inventaban jugaditas”.

14979199-balon-de-futbol-en-el-agua-en-la-playaPero el balón en si se convertía en un arma, era una cuchilla de afeitar redonda. Una vez la pelota se mojara por primera vez “perdíamos el año”. ¡Nooooooooooo!, gritaban algunos. El balón se cubría de una mezcla de arena mojada y arena seca que terminaba pareciendo una lija #80. El empeine del pie terminaba rojo y lleno de mini raspones provocados por el contacto del balón y los granos de arena. Y pobres dedos de los pies, especialmente si le entrabas mal al balón o si le tropezabas el talón a otro jugador. Ah, y pobre de aquel que siendo del equipo sin camisa recibiera un balonazo en la espalda.

Cuenta uno de aquellos futbolistas playeros que cuando le hicieron una radiografía del pie por algún motivo, el medico se sorprendió de verle decenas de mini fracturas en los dedos. -¡Muchacho! ¿Y tú donde es que te metes?, le dijo.

Otro amigo se quejaba, – y dicen que el deporte es salud,  ¡bah! Y es que lo del balón era lo de menos. Las zancadillas, pataditas y pisotones se multiplicaban por el efecto de la arena y por el hecho de estar descalzos, de lo cual generalmente quedaba la siempre popular afeitada o depilada de canilla. Afortunadamente teníamos algo que parece no haber sido descubierto todavía por la ciencia médica, teníamos el agua e’ mar.

Inmediatamente después de cualquier incidente salíamos corriendo a meter los pies en el mar y como por arte de magia se nos sanaban todas la heridas y seguíamos jugando. Aprovechábamos pa’ echarnos un poco encima (algo que generalmente te dicen que no se puede hacer) y un poco en la cara pa’ refrescarnos y de paso pa’ saborear el salaito del agua.

Vale la pena precisar que a pesar de todos esos males, la pasábamos muy bacano y nos echábamos unos partidazos. Además, se aprovechaba para “mamar gallo” y conocer todo tipo de gente. Todo el mundo podía jugar, no había reglas, ni edades, ni prejuicios. La gran mayoría de mis mejores  amigos los hice jugando fútbol en la playa. Casi siempre éramos los mismos con las mismas, pero también había lugar para que los diferentes personajes que aparecen en las playas de Cartagena participaran en el cotejo.

Nunca faltaba el carpero, que ya habiendo terminado su jornada, se animaba a jugar, el que vendía los pastelitos, el chino de los tintos, el típico cachaco en tanga narizona, medias y chanclas (aún con la prenda viva), el que se había ponchao con las cachacas y/o con las catanas canadienses, el que fue a coger olas y se fue en blanco, el coleto desparchao, algún famoso del jet set colombiano o algún futbolista de verdad verdad (una vez echamos un picaito con Andrés Estrada, antes de aquel triste episodio de su secuestro)…

playa-vendedores-ambulantes-cartagenaA veces nos llegaba hasta público: El que vendía “la gafa okly” original se sentaba a verse los partiditos con la esperanza de que alguien le comprara. El pobre no se atrevía a jugar por miedo a que le robaran la mercancía. También llegaba el del conjunto vallenato con la esperanza de que el chachaco de tanga narizona, medias y chanclas le pagara las tres canciones que le había tocado por 10 barritas (ósea 50 mil pesos colombianos), el vendedor de rapaos, los policías bachilleres, la palenquera, el de las arepas de queso (¡de puro queso!), el de los mangos,el de las butifarras, la del masaje, la de las trencitas y todos aquellos vendedores ambulantes que se encargaban de atosigar a propios y extraños.

futbol en la playa2Ah, ¡tiempos aquellos!, que diera por volver al pasado y echarme un último partidito con mis vales, romperme unos cuantos dedos, saborear agüita saláa y comprarme, al terminar el partidito, un manguito biche, de esos que vienen el bolsita, con salecita, pimientica y limoncito…

Aprovecho este espacio para enviarle un saludo muy especial a todos los birriosos que nunca faltaron a la cita: al Ernie, al Víctor, al Rafa, al Yérman, al Jorge,  al Checho, al Gringo, al Doño, al Pipe, al Pupe, al Jafet, al Álvaro, al Cali, al Makanaqui, al Tarzan, al Fabian, al Humbe, al Gorila, al Louis, al Joselito, al Jairo, al Marcos, al Calvin, al Casillas, al Pelusita, al Cristian, al Willy, al Plata, al Pelayo, al Carlitos, al Fercho, etc, etc, etc …

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5 thoughts on “A propósito del fútbol y la playa

  1. sergio 21 febrero, 2014 / 1:01 am

    nojoda casi lloro…soy famoso salgo en un blog…mi hermano la monda

    • @ivanj_ortega 21 febrero, 2014 / 12:35 pm

      Jajajaja… que buena checho, esperate que por ahi sales nuevamente… eso si, ahora que seas famoso no te las piques!!!!

  2. karimedlh 22 febrero, 2014 / 9:23 am

    O comer corozo después de. 🙂 Un abrazo.

  3. Jairo 22 febrero, 2014 / 10:51 am

    Que tiempos aquellos, muy buenos recuerdos para todos.

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