Cuando el Deportivo Independiente Salaberry fue Colombia

Arriba: Juan Carlos Moreno, Luis Fernando López, Daniel “el flaco” Rodríguez, Omar Durango, Kike López, Vlado González, Alexis “la tanga” Marrugo, Eduardo “el gordito” Moreno, Fabio “el profe” Pinzón. Abajo: William “el caleño” Mejía, José Joya, Sergio Joya, Fabio Jr. Pinzón, Luis Felipe Gual, Benito Medina e Iván Ortega (C), Fernando Vélez (arquero suplente ausente)
Arriba: Juan Carlos Moreno, Luis Fernando López, Daniel “el flaco” Rodríguez, Omar Durango, Kike López, Vlado González, Alexis “la tanga” Marrugo, Eduardo “el gordito” Moreno, Fabio “el profe” Pinzón. Abajo: William “el caleño” Mejía, José Joya, Sergio Joya, Fabio Jr. Pinzón, Luis Felipe Gual, Benito Medina e Iván Ortega (C), Fernando Vélez (arquero suplente ausente)

Inmigrar a Canadá representa para muchos un cese a la práctica regular de fútbol competitivo. Es lógico, todo lo que implica la inmigración nos hace dejar a un lado algo tan sencillo pero tan necesario para muchos como lo es jugar en algún torneo de fútbol. Incluso por ignorancia, algunos abandonamos completamente la idea suponiendo que no existen tales torneos en Canadá, o que son muy malos, o que son muy caros.

Parc-Sainte-Odile (Salaberry, MTL)Por varios años nos contentamos con una recochita los sábados en la mañana en un parquecito cerca de del bloque de apartamentos donde vivíamos la mayoría. Se jugaba sabroso, buen clima, buen ambiente, etc. pero a muchos nos hacía falta competir, ese ritmo de juego que obliga a meter, correr, insultar al árbitro, esa adrenalina, esa emoción, ese fresquito que se siente cuando le ganas a otros que ni conoces…

Afortunadamente, en la primavera del 2008 a varios del grupo se les ocurrió la fantástica idea de buscarse un torneo serio. Para sorpresa de muchos, encontraron una liga súper bien organizada, no muy cara, con varias categorías, excelente terreno interno con grama sintética y que organizaba un torneito de preparación para los equipos que jugarían en el verano la temporada regular. Ahí fue cuando aprovechamos para hacer el intento, con la idea que si nos iba bien nos inscribiríamos en el torneo oficial de verano.

Inscribimos el equipo. Quisimos llamarlo Deportivo Independiente Salaberry. Lo de Salaberry por aquello de que así se llamaba la calle donde vivíamos y que colindaba con el parque. Lo de independiente por aquello de que cada uno jugaba por su lado. Finalmente no se pudo porque había que ponerle el nombre de algún país. Quisimos llamarlo Colombia, pero como ya había un Colombia, nos llamamos Colombia #2, aunque extrañamente el uniforme parecía más bien el de Uruguay.

En ese momento, inesperadamente nos cayó una gran responsabilidad. Como quiera que fuera íbamos a representar a nuestro país; la tierra del Pibe, del Tino, de Higuita, de Rodallega (plop!). Igual, ahora con más razón teníamos que salir con algo.

Al mismo tiempo muchos sentimos un gran orgullo, esa sensación de que se te infla el pecho y de que se te agranda el corazón, eso que hace que uno quiera dejar en alto el nombre de su país. Supongo que así se sienten los futbolistas colombianos que juegan en el extranjero o cuando son llamados a la selección.

El primer partido nos tocó contra Perú, que extrañamente tenia uniforme rosado. Salimos a la cancha confiados, menospreciando al rival, típico comportamiento Colombiano. – Que van a jugar esos peruanos, – Ay y mira, si juegan de rosadito, – Esto es papaya, exclamamos muchos. Incluso, nuestras mujeres les gritaban desde las gradas – Ay, rosadito!!!

Nos zamparon 8 pa que seamos serios. Perdimos 8-1.

Durante el partido, nuestras esposas todavía con el 6-0 nos aminaban ingenuamente Ánimo muchachos que nada se ha perdido, con un esfuerzo más ganaremos el partido , sin saber que ese corito es más humillante que la misma humillación de perder por goleada.

Un amigo, que veía con estupefacción aquel espectáculo bochornoso desde la tribuna, trató de salvar la patria y en un acto heroico de patriotismo puro empezó a gritar – ¡Vamo Uruguay carajo!, aprovechando que el uniforme parecía el de Uruguay indujo factiblemente a espectadores y jugadores contrarios a la confusión.

Al final de ese primer partido, mientras recuperada el aliento y la dignidad, tuve un flash que hubiera podido cambiarlo todo, que hubiera evitado el acabose. Hubiera podido haber advertido a mis compañeros que los de rosadito juegan muy bien, como aquel del comercial de Coca-Cola, y que teníamos que tomar precauciones.

En fin, volviendo al tema, al partido siguiente, llenos de dudas, salimos desconfiados, muertos de miedo, a la defensiva, nos parecíamos a la selección Colombia de Jorge Luis Pinto combinada con la del “Chiqui” García. La charla técnica se resumió en – ¡La madre pal que se vaya al ataque!

Para sorpresa de muchos,  le ganamos a México #2 o a México #3, no recuerdo muy bien. Nos dimos cuenta que podíamos cuando terminó el primer tiempo y no nos habían metido ni un gol. Dejamos de especular y arriesgamos. Por fortuna, nos encontramos con un golazo de tiro libre. Un zurdazo desde unos 30 metros al ángulo superior izquierdo de Fabio Jr. Esto nos llenó de confianza y ganamos 3-2.

Ahora solo necesitaríamos un empate para pasar a la segunda ronda (típico calculo colombiano).

Efectivamente salimos a empatar el tercer partido y por suerte lo empatamos 2-2. Fue contra otro equipo de Centroamérica, El Salvador #4 o algo así. Ese día, todo el mérito fue de Sergio, que se tragó la cancha, pero me toco a mi cobrar el penalti del empate cuando perdíamos 2-1 (bueno, no fue que me tocó, más bien yo agarre el balón pa’ patearlo cual pelao mal criado y nadie se opuso). La metí y listo… eso de tenerse confianza a veces funciona.

Finalmente nos eliminaros unos ecuatorianos en el partido siguiente. Nos metieron 2 en el primer tiempo y en el segundo, cuando salimos a buscar el empate de forma desordenada, nos empacaron 4 más y ¡chao!

A pesar de la grata experiencia, sin saber todavía el porqué, preferimos la recochita de los sábados, no jugamos finalmente el torneo de ese verano y el Deportivo Independiente Salaberry  (alias Colombia #2) nunca jamás volvería a jugar un partido oficial…

Para el recuerdo, aquí les dejo un momento histórico, la celebración ante nuestra fiel hinchada, nuestra barra brava, del primer, único y último partido que ganamos.

Nota: Disculpen la calidad del video, no fue culpa de la camarógrafa, comentadora y animadora.

Saludos a todos los muchachos de los sábados de fútbol, especialmente a los que por algún motivo no integraron el D.I.S.

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3 thoughts on “Cuando el Deportivo Independiente Salaberry fue Colombia

  1. karimedlh 4 marzo, 2014 / 8:40 am

    Cierto es, escuchar “♪Ánimo muchachos que nada se ha perdido, con un esfuerzo más ganaremos el partido ♪” es como hacerse el harakirí. Lo importante era representar a la tierra de Rodallega(?) jajajajjaa. De cualquier manera, es divertido jugar fútbol, qué adrenalina la que se descarga en la cancha.

    ¡Saludos!

  2. karimedlh 4 marzo, 2014 / 8:43 am

    Cierto es que cuando te cantan “–♪Ánimo muchachos que nada se ha perdido, con un esfuerzo más ganaremos el partido ♪” es como hacerse el harakirí, y lo importante era que representaban al país de Rodallega(?) jajajaja.

    Saludos!

  3. Luis Gual 5 marzo, 2014 / 11:14 pm

    NOJODA iVA ME IMPRESIONAS…………………HASTA VIDEO CONSESUISTE………… QUE BUEN MOMENTO..
    SALUDES

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