El día que casi “muero”… para el fútbol

La muerte futbolistica

Si esto que he de relatar aquí no es una experiencia cercana a la muerte, ha de parecérsele.

Así como la vida te ofrece varias “vidas” (que la vida marital, que la vida de padre, que la vida de soltero, que la vida de estudiante, que la vida profesional, que la vida sexual, que la vida de futbolista, etc.) también te pone a lidiar lógicamente con varias “muertes”. A esa conclusión llegué cuando casi me pasa algo que me hubiera matado en una de mis vidas.

La “pensadera” que le entra a uno y esa horrible sensación de vacío fueron la confirmación de que había vivido una experiencia fuera de lo normal.

O bueno, algo así fue lo que experimenté el sábado pasado mientras podaba el césped de mi patio y estuve a punto de perder mi vida de futbolista. Lo cual habría ciertamente desestabilizado y precipitado al abismo todo mi universo de vidas, en las que curiosa e irresponsablemente no pensé durante este episodio (no debería extrañarme, pues el fútbol y yo somos indisociables y cualquier fisura entre nosotros me pondría en grave peligro en todos los sentidos).

Y pensar que todo sucedió por andar con la flojera. Resulta que para evitar apagar y volver a prender la podadora intenté acomodar un juguete de los pelaos que estaba atravesado mientras el motor seguía andando. En la traste y prohibida maniobra (que además por diseño es casi imposible de realizar) levanté del suelo uno de los extremos de la máquina y sin darme cuente metí la punta del pie justo por ahí, en ese torbellino donde las afiladas aspas giran en búsqueda de algo que cortar…

¡Frescos! Dios me iluminó y antes de que se produjera el mínimo roce, saqué el pie y me salvé de la tragedia.

En realidad no pasó nada, no hubo golpe, ni sangre, ni gritos, ni nada, pero cuando me imaginé lo que pudo haber pasado, me empezaron a temblar las piernas: ¿Qué tal que me hubiera jodido el dedo y no hubiera podido jugar fútbol más nunca? ¡Más nunca! ¿Qué sería de mí? Sentí entonces ese vacío que debe sentir una persona que ha tenido una experiencia cercana a la muerte y se me vino pa’ encima un enorme tsunami de recuerdos de mis ejecuciones en un terreno de juego. Fue como si mi espirito hubiera recorrido a la velocidad de la luz todas aquellas canchas y me hubiera traído millones de imágenes a la cabeza en un sólo segundo.

El segundo siguiente fue aún más confuso; se me vinieron a la mente todas las jugadas, goles y pases que siempre quise hacer y no hice… ¡Todavía puedo!, pensé cuando volví a la racionalidad, y finalmente susurré mirando al de arriba: Gracias Diosito lindo por no quitarme mi futbolito, por postergarme la agonía de vivir sin poder patear un balón… Te prometo que de ahora en adelante disfrutare hasta el cansancio de cada partido y que luchare por cada balón como si fuera la última jugada de la final de un mundial.

Y aunque tengo la impresión de haber pronunciado algo parecido en ocasiones anteriores, como cuando regresé a las canchas después de sufrir una pequeña bronconeumonía o como cuando volví a jugar después de una pausa de un año porque las rodillas se me habían puesto “chiboluas”, esta vez tuve realmente la sensación de estar mucho más cerca de mi muerte futbolística.

Supongo que en el fondo sé que el tiempo se acaba, que ya no hay margen para componerse de alguna molestia, que músculos, huesos y órganos comienzan a consumirse y que mi muerte para el fútbol está, de verdad-verdad, cada vez más cerca.

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