¿Por qué no puedo amar a James Rodríguez?

jamesrodriguezcalzoncillos

La verdad es que quisiera amar a James y vivir ilusionado, por allá en las nubes, y tenerle su altarcito, como la gran mayoría de los colombianos, pero no, ¡no puedo!

Y aunque no lo crean, no tengo nada en contra de él, en serio. Solo les digo, parafraseando aquella frase de cajón que usan muchas mujeres para justificarse cuando le han terminado a buen tipo:

“Es que no es él, soy yo”

Sí, soy yo, y ni yo mismo lo puedo creer. Tanto tiempo soñando con que un colombiano lograra todo lo que ya ha logrado y no soy capaz de convertirlo en mi ídolo. Tanto tiempo esperando que llegara aquel que remplazaría y sobrepasaría al gran “Pibe” Valderrama (mi único y verdadero ídolo) y cuando llega, me resisto a rendirme a sus pies. No lo entiendo, o bueno, no lo entendía…

La respuesta la encontré hace unos días cuando analizaba la fuente de mi desamor y descargaba esa frustración con mi amigo Juan Carlos (caricaturista invitado de este blog).

Primero pensé que todo se debía a su llegada al Real Madrid. Siendo yo barcelonista era lógico que James se convirtiera automáticamente en mi enemigo, pero no, no es eso. Lo sé porque cuando se enfunda la amarilla, se me olvida y de enemigo pasa a aliado como si nada hubiera pasado. De hecho, con la blanca (o la rosadita) le hago fuerza para que juegue bien y para que no lo vayan a sentar, uno de mis grandes temores cuando lo ficharon (y la verdad me ha sorprendido su fortaleza mental e inteligencia emocional… A veces pienso que no es colombiano, ¡uy! ¿escribí eso?).

Entonces, ¿por qué no lo defiendo a capa y espada? ¿Será que soy un ¡malpa…triota!? ¿Es quizás este desamor consecuencia de algún viejo resentimiento que le tengo a mi querida y caótica Colombia? No lo creo. Al menos si hay algo que me une a mi país es el fútbol. Como consecuencia, todo brillo de cualquier jugador colombiano en el exterior es motivo de orgullo, más no de idolatría desmedida.

Busqué entonces excusas en lo futbolístico. De pronto es que no me gusta su estilo. No, tampoco. Su técnica es exquisita, su visión y lectura de juego son increíbles, su carácter en la cancha es de admirar, no se le arruga a nadie, saca la casta cuando hay que sacarla, en fin, es el Pibe pero con goles…

Quizás es que me molesta su falta de sacrificio y sus destellos de agrandado. ¡No!, eso es del pasado. El tiempo y el mismo James terminaron por darles la razón a Carlos Antonio Vélez y a Claudio Ranieri. James se volvió un jugador completo que ayuda a marcar y que participa en las dos fases del juego. El veneno que podia haber por ahí también se fue diluyendo. No es eso tampoco.

Pero entonces, ¿por qué carajos no he podido caer rendido ante sus encantos?

Es una cuestión de subconsciente y el daño ya está hecho. No soy capaz de ilusionarse desaforadamente por ningún jugador colombiano y no importa si me dan motivos válidos. Trágicas experiencias del pasado, empezando por el doloroso mundial del 94, y traumas de infancia como John Édison Castaño, Giovanni Hernández y Johnier Montaño, entre otros, me han enseñado que ponerse a idolatrar a los futbolistas, exaltarlos, echarles flores, cubrirlos de oro y ponerlos a desfilar en calzoncillos no es más que prepararles la pista para un aterrizaje forzoso, es agrandarlos, es distraerlos y abrirles la grandota puerta del fracaso (sobre todo si es colombiano, ¡uy! ¿escribí eso?).

Portada del diario Marca de España
Portada del diario Marca de España, 10 de abril del 2015

Por eso me niego a idolatrar a James como lo hace la mayoría de los colombianos, por eso continuamente me peleo con muchos de ustedes para bajarlo del pedestal, por eso yo no difundo los cuentos de hadas de la prensa colombiana y menos aún los de la española -ese humo negro, amargo, espeso y corrosivo- y prefiero admirar su talento de otra manera, una manera más centrada y realista, menos folclórica y colorida (es de aburridos, amargados, lo sé).

Me niego a amarlo como ustedes porque no quiero verlo fracasado, porque sé que ese amor nos hace daño a todos y conlleva al fracaso y yo no quiero sufrir. Ya he sufrido mucho por fútbol.

Me niego a amarlo como ustedes porque en el fondo le tengo un “amor” diferente: ese amor que esconde las explosiones de efusividad dentro del pecho con el fin de protegernos a todos de los efectos nocivos de optimismos desaforados e infundados, ese amor que acompaña en silencio, desde lo lejos, y que goza con mesura de los logros de otras personas, de otros compatriotas.

Así me hizo el fútbol y así disfruto a mi manera de las esporádicas gestas de nuestro glorioso deporte nacional.

Pd. James, por favor, ¡no le vayas a meter goles al Barcelona!

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2 thoughts on “¿Por qué no puedo amar a James Rodríguez?

  1. @Jucaes1_ 15 abril, 2015 / 1:53 pm

    Recuerdo esa conversacion, asi como la que tuvimos el dia que supimos que el Madrid lo fichaba, y no es dificil entender tu punto de vista. Reitero, capacidades a nuestros jugadores les sobran, pero muchas veces el entorno es quien lo perjudica (o si no acuerdense de USA’94 y para ser mas recientes con la actualidad de Falcao)… No por que no se confìe en los nuestros, sino por que nuestra amada y llorada historia futbolistica esta plasmada de historias donde faltaron “Cinco centavitos para el peso” (los hinchas de America de Cali – como yo – sabemos de que hablo).

    Tal vez si me pongo a recordar, se me vienen a la mente nombres de jugadores que explotaron de una manera barbara en un momento (muy breve) de su carrera, prometiendo un futuro brillante y luego no se sabe que pasò con ellos o pasaron a un octavo plano. Casos como (aparte los que ya citaste) Hugo Rodallega que hizo goles hasta de chilena en ese Sub-20… Ricardo Ciciliano en el sub-17 del ’93… En fin, nuestros amigos del Bestiario del Balon (@bestdelbalon) tienen nutritivas historias de estos personajes.

    Nosotros (el pùblico en general, con justas razones por cierto) nos hemos dedicado despues de los años dorados, a depositar sobre los hombros de las “estrellas” emergentes motes como “el reemplazo del Pibe”, el “nuevo Higuita” que no han logrado sino hacer que la estrellada sea mas fuerte. Y tal como lo discutiamos, esto no es un fenomenò puramente criollo, o si no vean que en Argentina pasò en la época post-Diego… Y en brasil a cada diez minutos sale alguno con el remoquete del “Nuevo Pelé”… increible que por ahi, ya a algunos los tildan como “el sucesor de Neymar” (plop!).

    Asi que tranquilo mijo, se le entiende… jejeje.

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