De comunismo, fútbol y mamertos…

Puño comunista

Supongo que por tanto parecerse a la religión, el fútbol terminó por ganarse –por algún tiempo- la enemistad de uno de sus más emblemáticos detractores, el comunismo.

Probablemente como consecuencia de ese extraño delirio de persecución que sufren y que han sufrido sus grandes líderes, los comunistas señalan a la religión de ser el “opio del pueblo” y condenan a todo lo que se le parezca de estar al servicio de los dominantes, de ayudarlos a confundir y a distraer al pueblo de su “verdadera” lucha: la lucha de clases. Aquella lucha que terminaría llevándonos a un ideológico “paraíso terrenal” (qué conveniente) en donde no hay clases: la dictadura del proletariado.

Pero al ir cambiando los tiempos, con la religión cuesta abajo y viendo que la famosa y esperada revolución que invertiría el orden mundial -que entre otras cosas debía darse por “obra y gracia” de una enigmática fuerza todopoderosa a la que llamaban “necesidad histórica” (qué conveniente)- no sucedía como se suponía, se llegó a la conclusión de que un nuevo, poderoso y delicioso opio se había estado apoderando del mundo sin que lo notasen: ¡el fútbol!

Así pues, cuando el fútbol apareció como deporte de masas, como fenómeno social, como ese “circo” que tanto rechazan los intelectuales, como la “única religión que no tiene ateos”, fue considerado como un “nuevo enemigo” de la revolución comunista. Dicen que algunos sabios de izquierda no dudaron en ponerle la misma etiqueta de “opio del pueblo” y que lo miraban de reojo. Como era de esperarse, sospechaban que había sido un invento frio y calculado de la burguesía, de la oligarquía, del “imperio” o de como quieran llamarlo, para distraer nuevamente al proletariado de su lucha.

Paradójicamente y sin tanto romanticismo, los regímenes comunistas durante la guerra fría utilizarían sagazmente el deporte (y en especial el fútbol) para fines propagandistas aprovechando su popularidad creciente, y se convertirían en verdaderas fábricas de atletas en su afán por demostrar la eficacia de su modelo para colocar a cada uno en “su sitio”.

Así, como en casi todos los conflictos, la guerra capitalismo-comunismo también se trasladaría al terreno deportivo. Entonces encontramos casos como el de la República Democrática Alemana (RDA o Alemania del Este) que fue un claro ejemplo del extremismo en el caían los regímenes comunistas de esa época para mostrarse poderosos y aparentar más de la cuenta, aprovechando también la ya fácil propagación de las noticias deportivas.

La crueldad del sistema se demostró cuando salieron a la luz las atrocidades a las que eran sometidos los atletas germanos como parte de un programa inhumano de entrenamiento, que además incluía todo tipo de experimentos con sustancias indetectables (hormonas, anabólicos, etc.) llamadas “UM” (Unterstuetzende Mittel: productos de apoyo). Escándalo que más tarde sería conocido como “dopaje de estado” y que llevaría a la cárcel a muchos funcionarios del caído régimen tiempo después.

“Se estima que unos 10.000 atletas de la RDA fueron dopados. En 1975, se había creado un departamento, “Deporte de competición II”, en el servicio de medicina deportiva de la ex RDA para organizar la administración sistemática de anabolizantes, con el objetivo de mejorar los resultados de los deportistas de Alemania Oriental.” (Tomado de El País Digital)

Foto: La selección de fútbol de Alemania Oriental que venció en Hamburgo en 1974.
Foto: La selección de fútbol de Alemania Oriental que venció en Hamburgo en 1974.

Un año antes, casualmente en el mundial de 1974, que por pura coincidencia se hacía en Alemania Occidental (socialdemócrata y capitalista, también otra hermosa teoría, por cierto), se enfrentarían las dos Alemanias en la fase de grupos. Era un momento que el comunismo tenía que “capitalizar” y así fue. Alemania Oriental le ganó sorpresivamente a Alemania Federal, para júbilo del agobiado pueblo del lado oriental del muro y para beneficio propagandista del movimiento comunista soviético. La Alemania Federal igual terminaría siendo la campeona de ese mundial y del de 1990 que se sumaban al ya conseguido milagrosamente en Suiza en 1954. La Alemania unificada no ganaría sur primer título que hasta el no muy lejano 2014.

Sin embargo, la RDA y su frio sistema si lograrían el dominio del fútbol olímpico (amateur) en los tiempos de la Cortina de Hierro: bronce en Tokio 1964, bronce en Múnich 1972, oro en Montreal 1976 y plata en Moscú 1980. Resaltando además su “inexplicable” presencia en la parte alta del cuadro de medallería en casi todos deportes en esas mismas décadas.

Alemania Oriental - JJOO Montreal 1976
Alemania Oriental, Juegos Olímpicos de Montreal 1976

Un pequeño paréntesis: me cuentan algunos colegas que presenciaron los juegos olímpicos acá en Montreal en 1976 que era increíble (e intimidante) ver a los atletas alemanes. Las mujeres parecía hombres y los hombres parecían robots. Con la mirada fija, híper concentrados, lanzaban un tenebroso grito de batalla y arrasaron con todo.

Finalmente, a mediados de los noventas, tras la caída del bloque comunista, me cuentan que los mamertos del mundo tuvieron un gran alivio, en especial los de Suramérica que aún insistían en que la revolución comunista estaba por venir. Aquellos, para los que todavía era “pecado capital” apasionarse por el fútbol, recibirían felizmente la autorización oficial que los despojaría de prejuicios y los dejaría disfrutar de este maravilloso circo llamado FÚTBOL.

las-venas-abiertas-de-america-eduardo-galeanoSe trataría del libro “El fútbol a sol y sombra” del escritor uruguayo Eduardo Galeano (QEPD), autor también del libro “Las venas abiertas de América latina”, un infaltable en la mochila de todo mamerto, que sorprendió a los dichos revolucionarios con hermosos escritos sobre fútbol, convenciéndolos de que patear un balón o gritar un gol con el alma no tenían por qué truncar el ideal de una sociedad justa. Aunque también vale la pena anotar que para poder hacer llegar el mensaje tuvo que poner al fútbol como una víctima más de la industrialización desalmada y del capitalismo, además de ir resaltando, cada vez que podía, las historias del pobre chico “cara sucia” que a través del fútbol le da lecciones a los ricos y poderosos.

En fin, así queda pues demostrado que el fútbol no es ni de izquierda, ni de derecha, ni de centro… ¡está por encima!

Meme-mamertos-futbol

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