¿Por qué los partidos microfútbol casi siempre terminan en pelea?

Cancha micro cartagena

Hace unos días hablaba con unos amigos sobre las épocas del microfútbol (en Cartagena) y “lógicamente” terminamos hablando más bien sobre todo tipo de peleas, zafarranchos y belicosos personajes. Este evento me llevó directo a una conclusión: el microfútbol es en esencia una combinación factores que ponen a los participantes siempre al borde de una pelea

El Balón

balon-mikasa-microfutbolSi empezamos analizando el balón, es lógico que la cosa no pueda terminar bien. Si ya a uno en caliente se le suben los ánimos y la sangre a la cabeza, imagínese si para rematar está jugando con un balón que parece una piedra y que además quema como un parche caliente al menor contacto con la piel. Obvio, un balonazo “mal puesto” al jugador más boluo del equipo que va perdiendo, no puede terminar sino en un tremendo bochinche.

Cancha “pequeña”

El lógico apretujamiento que se siente en la pequeña cancha durante algunos pasajes de los partidos provoca una serie de contactos recurrentes e inhabituales, intencionales o no, que al acumularse, originan fácilmente una trifulca (y aunque esto es verdad en el fútbol 11 y otros deportes de contacto, en el microfútbol se potencian sus efectos al combinarse con los demás factores que estaremos analizando).

El grajo

Del punto anterior resulta que, dada la cercanía entre sí de los jugadores, algunos se exasperan y pierden los estribos por el olor a grajo tan bravo (“chucha”, para los cachacos) que es inevitablemente perceptible. Empujar al que te está marcando porque esta hediondo no es un acto de agresión, es un reflejo natural, ¡es un derecho!… y de ahí a que se forme no hay mucho.

Las superficies

Que sea asfalto, cemento o hasta madera, caerse, rasparse o tener contacto con el suelo de alguna manera es mucho más irritante que cualquier contacto con la suave grama de un terreno “aceptable” de fútbol 11. La mayoría al levantarse, casi que con sangre en el ojo de la ira, busca con quien descargarse… y si por ahí alguien lanza un comentario que trate de minimizar el impase, como “Dale ¿Ay Qué? ¿Vas a llorar?”, debe atenerse a las consecuencias…

Por otro lado, si se juega en pleno día (sobre todo en Cartagena), es muy factible que el calor y el solazo en la cabeza, sumado al fogaje que expiden las placas de cemento, provoquen un ligero atolondramiento de incluso el jugador más sensato, lo que puede terminar en una agresión por pura inercia… y ahí, ¡bam!, vuelve y se forma…

Las rejas

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Toda cancha de micro que se respete está rodeada de rejas. Aquí hay dos puntos. Uno: sentirse encerrado podría ser interpretado por el subconsciente como que se está en una prisión, predisponiendo al jugador a sacar el hampón que hay en sí (¡cuidado con esta!). Dos: La reja se convierte en una herramienta para desgastar el rival pues es utilizada como destino para empujones que sirven sólo para un disimulo momentáneo del juego agresivo.

El contacto físico como factor clave de éxito

Como en el básquet, en el microfútbol hay mucho contacto y hay posiciones como el pívot, en las que meter el cuerpo es fundamental. El problema empieza cuando algunos, generalmente los gordos, barrigones o jugadores de gruesa contextura, exageran y se aprovechan de sus condiciones para ganar la posición del balón. Y como no hay árbitro, pues los demás, de puros ardidos, intentan hacer justicia por sus medios y volvemos a lo de los contactos inhabituales y recurrentes que mencioné en un punto anterior.

El Barrio

microfutbol cancha

Generalmente una cancha de micro es una cancha de barrio, lo que significa que los partidos atraen las miradas de transeúntes, comúnmente viciosos y vagos, quienes aprovechan para burlarse y montársela a los que les dé la gana. Cualquier comentario que contenga un poco de veneno para con alguno que ande “volado” es suficiente para que se arme la de Troya.

Además, siendo que se juegan partidos entre las mini-roscas, grupos y sub-grupos del mismo barrio, hay lugar para aprovechar los factores “cancha pequeña” + “juego de contacto” y cobrarse viejas rencillas: que le quitó la novia, que le rayó el carro, que le pegó al hermano, etc… Y si por ahí le suma que vienen oponentes de otros barrios, ¡ni le cuento!

Muchas veces, cuando se trata de torneos “organizados”, los “pesados” del barrio sacan sus equipos para, por intermedio del micro, marcar su territorio. Y aunque el “patrón” rara vez juega, se “baja del bus” con uniformes, “ficha” a los mejores de otros lados o grupos y además ofrece respaldo en caso de líos… Habría que ver quién se le atraviesa para ganarle la final…

Los errores se pagan rápido

Sin importar quien cometa un error, como la cancha es corta, todo balón mal jugado representa un gran riesgo, desde los mismos que juegan arriba hasta el arquero (obviamente). Así pues, las disputas internas entre los miembros de un mismo equipo son mucho más frecuentes e intensas que en el fútbol 11 y pueden terminar fácilmente en una gresca lamentable (doy fe de esta).

Las jugaditas

En el microfútbol el balón se amasa, se pisa y se le trata bien (a excepción del momento de pegarle al arco, donde el uñero es el arma más letal), lo que se presta para hacer jugaditas que tienen como objetivo principal humillar al rival. Alguna vez me dieron un sabio consejo antes del inicio de un cotejo en el Campito de Bocagrande (Cartagena): – ¿Si ves a ese man manga ziza que esta allá?…bueno, a ese no se te ocurra hacerle un “orton” (túnel). De una tal humillación sólo es posible resarcirse con otra jugadita igual o más espectacular que lograría enrarecer aún más el ambiente o con un bojazo en la espalda!

La tienda de la esquina

Como siempre hay una tienda en una esquina cercana a la cancha, es muy común que en los partidos se apueste la caja de frías o la gaseosa. Este “plus” que se agrega para poner la cosa más interesante es un arma de doble filo. El partido deja de ser un amistoso y ante cualquier exceso en uno de los factores anteriormente analizados se desata el juego violento y una batalla campal es inminente…

Ante todo lo anteriormente expuesto, simplemente me queda decirle a mi amigo Rafael Varela que aquella vez que lo convidé a pelear en la cancha de El Conquistador no fue por nada personal. Ese día muy seguramente se combinaron algunos factores y… ¡zass!, me dieron ganas de pelear…

Ahora, que todo esto no sea motivo para no volver a echar la jugada… persígnese y vaya con Dios!!!

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El día que casi “muero”… para el fútbol

La muerte futbolistica

Si esto que he de relatar aquí no es una experiencia cercana a la muerte, ha de parecérsele.

Así como la vida te ofrece varias “vidas” (que la vida marital, que la vida de padre, que la vida de soltero, que la vida de estudiante, que la vida profesional, que la vida sexual, que la vida de futbolista, etc.) también te pone a lidiar lógicamente con varias “muertes”. A esa conclusión llegué cuando casi me pasa algo que me hubiera matado en una de mis vidas.

La “pensadera” que le entra a uno y esa horrible sensación de vacío fueron la confirmación de que había vivido una experiencia fuera de lo normal.

O bueno, algo así fue lo que experimenté el sábado pasado mientras podaba el césped de mi patio y estuve a punto de perder mi vida de futbolista. Lo cual habría ciertamente desestabilizado y precipitado al abismo todo mi universo de vidas, en las que curiosa e irresponsablemente no pensé durante este episodio (no debería extrañarme, pues el fútbol y yo somos indisociables y cualquier fisura entre nosotros me pondría en grave peligro en todos los sentidos).

Y pensar que todo sucedió por andar con la flojera. Resulta que para evitar apagar y volver a prender la podadora intenté acomodar un juguete de los pelaos que estaba atravesado mientras el motor seguía andando. En la traste y prohibida maniobra (que además por diseño es casi imposible de realizar) levanté del suelo uno de los extremos de la máquina y sin darme cuente metí la punta del pie justo por ahí, en ese torbellino donde las afiladas aspas giran en búsqueda de algo que cortar…

¡Frescos! Dios me iluminó y antes de que se produjera el mínimo roce, saqué el pie y me salvé de la tragedia.

En realidad no pasó nada, no hubo golpe, ni sangre, ni gritos, ni nada, pero cuando me imaginé lo que pudo haber pasado, me empezaron a temblar las piernas: ¿Qué tal que me hubiera jodido el dedo y no hubiera podido jugar fútbol más nunca? ¡Más nunca! ¿Qué sería de mí? Sentí entonces ese vacío que debe sentir una persona que ha tenido una experiencia cercana a la muerte y se me vino pa’ encima un enorme tsunami de recuerdos de mis ejecuciones en un terreno de juego. Fue como si mi espirito hubiera recorrido a la velocidad de la luz todas aquellas canchas y me hubiera traído millones de imágenes a la cabeza en un sólo segundo.

El segundo siguiente fue aún más confuso; se me vinieron a la mente todas las jugadas, goles y pases que siempre quise hacer y no hice… ¡Todavía puedo!, pensé cuando volví a la racionalidad, y finalmente susurré mirando al de arriba: Gracias Diosito lindo por no quitarme mi futbolito, por postergarme la agonía de vivir sin poder patear un balón… Te prometo que de ahora en adelante disfrutare hasta el cansancio de cada partido y que luchare por cada balón como si fuera la última jugada de la final de un mundial.

Y aunque tengo la impresión de haber pronunciado algo parecido en ocasiones anteriores, como cuando regresé a las canchas después de sufrir una pequeña bronconeumonía o como cuando volví a jugar después de una pausa de un año porque las rodillas se me habían puesto “chiboluas”, esta vez tuve realmente la sensación de estar mucho más cerca de mi muerte futbolística.

Supongo que en el fondo sé que el tiempo se acaba, que ya no hay margen para componerse de alguna molestia, que músculos, huesos y órganos comienzan a consumirse y que mi muerte para el fútbol está, de verdad-verdad, cada vez más cerca.

Recordando el 3 a 3 a lo “Casale y De Francisco”

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Barraquilla, Colombia, 11 de octubre de 2013.

No siendo suficiente con las emociones que sentimos más de cuarenta millones de colombianos con lo que estábamos viendo en la cancha en aquel segundo tiempo histórico, sufrido, intenso y hasta mágico, a unos afamados locutores de RCN Radio Colombia se les dio por adornar aún más aquella proeza, aquella epopeya digna de una estrofa de la Ilíada, con hermosas palabras salidas del corazón que sin duda recordare para siempre.

Aquí seguido, apartes de la narración de la falta a James Rodríguez, ejecución del penal y la celebración del tercer gol:

Antonio Casale: «Ahí va james, ahí va, tiró…, el árbitro dice que es penal, penal, el estadio se va a caer, Colombia, (…), penal aquí y penal en la china, la reacción de Colombia que se parece al colombiano que siempre que hay adversidades se levanta al otro día, se sacude el polvo, se limpia las botas y sale a batallar(…)»

Martín De Francisco: «Sacó la solera Colombia, la casta, saca el linaje, la estirpe, la progenie, esa progenie colombiana. El equipo chileno se ve absorto, se ve vitrificado de estupor, se ve petrificado por el tejido, la urdimbre que fragua el equipo colombiano… bueno, vamos a ver si lo hace, ¿no?, vamos a ver si lo convierte»

Antonio Casale: «Goooooooooool, (…) Falcao arriba, el arquerito abajo (…)»

Martín De Francisco: «Es el tercer embate, lacerante, diseminando el pavor, el horror en el equipo chileno. Le asesta Falcao, sin clemencia, el viaje sin regreso del proyectil de avancarga, ese proyectil, ese perdigón va al sector derecho, a media altura, mientras Bravo se la jugó al sector izquierdo, penetrante Colombia, vejatorio, corrosivo y viperino, encuentra el empate el equipo colombiano: Colombia 3, Chile 3.»

Si después de leerlas no siente un nudo en la garganta, una agüita en el ojo, le sugiero ingresar al hipervínculo siguiente para que las escuche de viva voz (ojala nunca se les ocurra bajar este audio a los administradores de la página de la FM):

http://www.lafm.com.co/audios/el-gol-del-empate-vs-chile-de-147478

No recuerdo haber vivido algo así, ni con el 5-0, ni con el 1-1, ni con la Copa América… al fin teníamos una nueva hazaña que contar… Al mismo tiempo, mi hermano, desde las tribunas del Metropolitano, me escribía por WhatsApp que había llorado, gritado, reído, mientras yo, a miles de kilómetros, en un bar al norte de Montreal, rodeado de decenas de colombianos y de decenas de chilenos, que se habían burlado de nosotros 45 minutos antes, gritaba como loco, montado en una silla mientras ondulaba el suéter de la selección y me burlaba, ahora yo, de los pocos chilenos que se atrevían a mirarme a la cara… me imagino que lo pocos canadienses que se encontraban en el establecimiento habrían estado a punto de llamar a la policía.

Ahora ando con unas ilusiones bárbaras por volver a vivir unas cuantas gestas más en junio y julio próximos, eso sí, siempre acompañado de un buen relato, un tanto improvisado, un tanto desaforado y un tanto poético, como aquellos de Antonio Casale y Martín de Francisco… @casaleantonio  y @MdeFrancisco12

Por @ivanj_ortega

Cuando el tiempo se cuenta en Mundiales

En estos días caí en cuenta de lo grande que esta mi hijo mayor, ¡ya va a cumplir dos Mundiales!, de cómo ha crecido la familia, hace un Mundial éramos tres, ahora somos cinco, que voy para nueve Mundiales de vida y para siete con uso de razón, que no veo a muchos de mis compañeros del colegio desde Francia, desde Francia 98 obviamente, y que Brasil 2014 será el segundo Mundial sin mi papá… (“El fútbol, mi papá y yo”)

Argentina1978Un amigo me preguntó hace un tiempo, – Oye Iván, ¿te acuerdas de la final del 78?, impresionante la cantidad de papelitos que tiraron desde las tribunas, llegaron hasta el campo. – Compa, tu eres que cule viejo, yo nací como tres años después de eso. – Bueno, no es que me acuerde muy bien, tampoco soy tan viejo, me respondió con algo de nostalgia, mientras trataba de acomodarse algunas canas… Dime de cuales mundiales te acuerdas y te diré qué tanto has vivido… esa es mi lógica.

En realidad no sé si sólo me pasa a mí, pero mi referencia natural en el tiempo son los Mundiales. Todo gira en torno a ellos y los eventos importantes de la historia reciente de la humanidad y de mi vida personal los voy entrelazando sin darme cuenta con las copas del mundo de la FIFA para ubicarme mejor.

Pero más allá de contar el tiempo en Mundiales, cruzar las copas del mundo con la historia puede resultar muy interesante, pues el fútbol no es una “isla” como dice el filósofo, odontólogo y director técnico colombiano Francisco Maturana.

En los años 30’s, durante una de las crisis más profundas de la economía mundial, paradójicamente nacieron los mundiales de fútbol, quizás como respuesta a la necesidad “circo” que tenemos todos los pueblos, pues “pan” no había, especialmente en Europa (uno de los motivos por lo que se hizo en Uruguay el primer Mundial). Quién se imaginaria que más tarde los Mundiales de fútbol se volverían semejante máquina de hacer plata, manejada por una organización que va por ahí, cual plaga, chupándose los recursos de los países organizadores, dejándolos con deudas exorbitantes y espectaculares estadios inservibles. Amo el fútbol, pero las maneras de la FIFA no me convencen en lo absoluto.

HittlerAlgún desprevenido (por no decirle otra cosa) dirá – Ve, que tan raro que los mundiales de 1942 y 1946 no se hicieron. No lo culpo, la memoria colectiva ya ha olvidado los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Supongo que por esta razón todos los días nacen nuevas guerras aún más crueles que ignoramos insensiblemente, mientras no nos suspendan los Mundiales.

Sin exagerar, en los Mundiales se proyecta lo que ha pasado o lo que esta pasando en el mundo.

Los Mundiales se han prestado como escenario perfecto para propagandas de fascistas, de nazis, de comunistas, de capitalistas, de socialistas, de aristocracias, de dictaduras militares, de revolucionarios, de democracias, de hippies y hasta de narcotraficantes. Todo el “mundo” está mirando, ¡hay que aprovechar!

Han habido partidos que se han jugado por el honor de naciones encontradas por rivalidades políticas, culturales o territoriales. No me imagino la tensión cuando se enfrentaron las dos Alemanias en 1974, en los tiempos de la guerra fría, o en el Argentina – Inglaterra de 1986, tras la guerra de las Malvinas, o en el Estados Unidos – Irán del 98, en pleno conflicto nuclear, el día en el que curiosamente se celebraba el día del Fair-Play y les tocó tomarse una foto abrazados.

E.U-Iran-1998

Los gobiernos se sirven de ellos (sus jugadores) para proyectar el (falso) poder de sus Estados, para demostrar poderío económico o militar y hasta para demostrar “dizque” superioridad de raza, por lo que lastimosamente algunas copas se vieron empañadas por amenazas, casos de corrupción, amaños, muertes, y todo tipo de situaciones anormales heredadas de las clases dirigentes que invaden sin escrúpulos este hermoso deporte.

El hombre en la luna (Buzz Aldrin)Pero no todo es malo. En los Mundiales se evidencian los avances de la ingeniería y de la tecnología, especialmente en cuanto a las telecomunicaciones y a las trasmisiones por televisión se refiere. Sólo con mirar la calidad de las imágenes y de las repeticiones te das cuenta de la increíble evolución que por fortuna nos ha tocado vivir. El primer mundial a color (solo para algunos países) fue en 1966 y sólo tres años después el hombre ya estaba en ¡la luna! En 1970, muchos todavía lo vieron a blanco y negro y hoy, muchos no lo veremos ni en HD ni en 3D. Seguramente algunos hasta los veremos por internet (“La jartera de verse un partido de fútbol por internet”).

Hamburger SV v Bayern MunichEn los Mundiales también se perciben los avances de la moda. Hasta hace poco los jugadores andaban patillones, con afros, bigotones y con pantalonetas estilo narizona. Cada cuatro años cambian los estilos de los uniformes, los materiales utilizados, la indumentaria, los balones, los guayos, etc. Es una hermosa batalla librada sin par entre Adidas y Nike que termina sacándonos enormes cantidades de dinero sin que nos demos cuenta. Igual, es increíble cómo es posible ver el paso del tiempo con solo detallar la forma de vestir y de peinar de los jugadores de fútbol.

La música, las canciones, los artistas, los ritmos y los sonidos que acompañan los mundiales también nos transportan paralelamente a otros tiempos. La música por si sola ya tiene este increíble don, pero al combinarla con el fútbol se potencian sus efectos transportadores… Por ejemplo, gústeles o no, Francia 98 = Ricky Martin, Sudáfrica 2010 = Shakira, sólo por mencionar algunos.

¿No es increíble todo lo que puede haber dentro un rectángulo enmarcado con líneas de cal?

“Sólo es un juego”, dicen algunos… ¡Bahhh!

Por @ivanj_ortega

Ese triste día en el que te das cuenta que no serás futbolista

Me imagino que muchos de ustedes habrán soñado lo mismo que yo. ¿Quién no soñó con meter un gol de chilena en el último minuto de la final de un mundial?, ¿Quién no se imaginó levantando la copa del mundo en un estadio a reventar?, ¿Quién se atrevió a no imaginarse en la cima del Olimpo del fútbol?, ¿Quién por lo menos no soñó con jugar fútbol profesional?

Ah, sueños aquellos… pero un día cualquiera te levantas y das cuenta que eso que has soñado toda tu vida no va a pasar. ¡Ay Dios!, ese día es triste, muy triste…

Aunque, pensándolo bien, para algunos es más fácil que para otros.

Por ejemplo, ese día no es tan difícil para aquellos que solo jugaban en el recreo y decían querer ser futbolistas por pura presión. Esos, simplemente disimulaban, ya que sabían que cualquier comportamiento diferente podía levantar “sospechas” o sacarlos del “parche”. En este caso, la muerte de ese sueño mentiroso no tiene ningún efecto, no llegaron a ilusionarse y tampoco tenían de qué decepcionarse. Todo fue una vil farsa.

Habían otros, los que amaban el fútbol por encima de todas las cosas y trataban de jugarlo pero no podían, ya que su cuerpo físicamente no respondía a las instrucciones enviadas por el cerebro. Para esos, los “maletas” o “troncos” por naturaleza, también es relativamente fácil. Estos se van dando cuenta poquito o poco, cuando los insultos y regaños se van volviendo cada vez más frecuentes, o cuando cruelmente escuchan a un compañero decirle a otro en voz baja “no se la pasen al de verde”, o cuando se dan cuenta que siempre son de los últimos en el momento en que se reparten los equipos, o cuando él mismo tiernamente grita: “no me la pasen a mí, no, ¡a mí no!”. En este otro caso, ese “día” tampoco existe, pues este hecho no los toma realmente por sorpresa. Eso sí, no deja de causarse una tristeza profunda en sus corazones.

Finalmente están los que sabían jugar, o por lo menos eso creían o les hacían creer. Para estos, para los no abandonaron el sueño tan fácilmente, los que siguieron, los que jugaron en cuanto equipo, torneo, cancha, potrero, parque, playa o donde sea, para los que tenían la ilusión viva y soñaban con que alguien los estuviera viendo, alguien que tuviera los contactos para ayudarles dar el salto, para estos, ese día es triste, muy triste…

Estos se estrellan de frente contra un muro cuando se dan cuenta que el camino hacia el profesionalismo exige mucho esfuerzo y disciplina, así sean unos genios.

Foto tomada de El Universal de Cartagena, Colombia.
Foto tomada de El Universal de Cartagena, Colombia.

Además, se necesita tener un poco de suerte para tocar las puertas correctas en el momento oportuno. Los que ven jugadores, los cazatalentos, no lo ven a uno jugando en la playa o en el parque. El fútbol tiene cierta estructura organizacional, incluso en países tan desorganizados y pobres como Colombia. Lastimosamente, para la mayoría de los pelaos en Colombia el reto no es ni siquiera que los bequen en una escuela de esas, sino conseguir la plata pal bus para poder ir a los entrenos, porque el talento y las ganas sobran. Algunos se acercan, pero las distracciones y tentaciones que se presentan justo en esas edades hacen que igual todo termine en una gran decepción.

Bueno, pero no todo es malo. Ese mismísimo día, como respuesta a semejante frustración, nacen otros personajes necesarios para el fútbol: Los organizadores de torneos, los que sacan equipos, los directivos, los cazatalentos, los entrenadores, los preparadores físicos, los utileros, los árbitros, los periodistas deportivos, los DJ que se convierten en comentaristas deportivos, los estadísticos, los blogueros, los dizque blogueros, los barrabravas (ah… ¿será por eso que están siempre tan bravos?) y los jugadores aficionados que seremos la mayoría de nosotros por el resto de nuestras vidas…

¿Qué cómo fue mi día?

No es por chicanear, pero jugaba bastante bien (¡Ah bueeeeeno!).

No, en serio, cuando comencé como puntero derecho, cuando todavía se jugaba con tres delante, desbordaba bien por las puntas y metía uno que otro golecito (Otra vez: ¡Ah bueeeeeno!).

Bueno, la verdad es que después, cuando me fueron bajando a volante mixto y después a volante de marca (y no es que les quiera quitar méritos), empecé a notar que la habilidad y agilidad que creía poseer no eran tan espectaculares como creía y que me estado físico tampoco era algo formidable.

El puntillazo final fue en una práctica de una pre-selección Bolívar cuando tenía 17 años a la que me convocaron de chiripazo. Igual, ahí tenía mi última oportunidad, mi “One Last Shot”. Si podía seguir en el grupo habría esperanzas, pues de la selección casi siempre salían unos cuantos a probar en equipos profesionales. Pero no pude y abandoné. Semanas después comenzaba primer semestre en la universidad y esa fue mi excusa, pero en realidad, varios años después caí en cuenta que ese día había visto tanto talento y tantas ganas de salir adelante a través del fútbol de pelaos que se mamaban 2 horas en bus con plata prestada para llegar al entreno de las 7 de la mañana, que yo no vi como luchar contra eso y tristemente hasta ahí llegaron mis ilusiones.

Me despido con un regalito, una joya de la publicidad argentina, que le quiero dejar a todos aquellos que lo intentaron de corazón, para que revivan esa pasión que les brindó momentos inolvidables y para que recuerden que nunca dejen de jugar, que de eso se trata esto, de jugar…

Nota: Si te identificas a ti mismo en este video es pura y mera coincidencia.

Ah… y si te pareció chévere mi blog, puedes agregar tu correo electrónico en la sección “No te pierdas la próxima” para que efectivamente, no te pierdas la próxima…

¡Un abrazo!

@ivanj_ortega

Lo peor que nos podía pasar ya nos pasó

¡Ya está! Ya llore lo que iba a llorar, tal cual como lo dijo Falca. Es hora de pasar la página y dejarlo que se recupere tranquilo. Es momento de reponernos, de tranquilizarnos que ese man está que se juega ese Mundial y está haciendo todo lo posible, ¡ojala! De paso, le pido le pido disculpas por juzgar su decisión. Cada uno trabaja donde le dé la gana… ¡pero aja!, estaba como loco buscando razones…

En fin, para ayudarme a reponerme, se me dio por hacer un ejercicio que consistió en rebuscar aquellos momentos en los que viví, al lado de mi selección, esa misma sensación de desazón, de desolación, de retorcijones en el estómago y de achicharramiento del alma.

El objetivo era hacerme caer en cuenta que lo peor que nos podía pasar ya nos pasó, por lo que seguramente seremos premiados con una gran sorpresa en el Mundial… verán que si… y de pronto hasta con Falcao metiendo goles ¡Vamos Colombia!

Igual, esto fue lo que encontré y se los comparto (obviamente excluyo lo de Falca). Si se les da por hacer el mismo ejercicio, los invito a complementar esta lista en los comentarios aquí abajito, en Facebook o en Twitter (@ivanj_ortega).

La “cagada” de Higuita en Italia 90. Fue horrible, catastrófico, de muerte… sin palabras.

El chiripazo de Gheorghe Hagi. Esa sola jugada nos eliminó de USA 94. Esta trágica jugada nos obligó a vivir con secuelas mentales por el resto de nuestros días.

La “cagada” de Mondragón. Esta no fue en un Mundial, pero ese baloncito que se le coló a Mondragón contra Argentina en Barranquilla en las eliminatorias para el Mundial de Francia 98 fue toda una tragedia nacional. Ni los locutores argentinos se dieron cuenta que había entrado.

La lesión del Pibe antecito del Mundial del ’94. Situación que la vida nos hace volver a vivir con Falca. El pibe pudo jugar el Mundial pero no alcanzo a llegar en el nivel que se esperaba. Ojala que esta vez sea diferente.

El autogol del gran Andrés Escobar. Lo único que nos faltaba en USA 94. Fue justo ahí cuando arrancamos a llorar por la eliminación más de 30 millones de colombianos. El llanto se prolongó cuando supimos de su muerte días después. Recuerdo que mi tío me levanto con la noticia – Mataron a Escobar. Entre sueños respondí – Sí, yo sé, lo mataron hace rato en el techo de una casa. Cuando supe que era Andrés y no Pablo, me dije – Lo mataron por el autogol, estamos jodidos. Ahora nos dicen que no fue por eso, pero vaya uno a saber.

Javier Hernandez BonnetLa llegada de Javier “Refisal” Hernandez Bonnet al Gol Caracol como comentarista oficial de los partidos de la Selección. Esta más que comprobado científicamente que desde su llegada, la selección cayó en un bache deportivo que duro muchos años. El antídoto a tanta saladera tenía que llegar de afuera (¡Gracias Pekerman!). Nadie en Colombia hubiera sido capaz de sacarse semejante bulto de sal que por tanto tiempo se acumuló y se esparció entre nosotros, en los hogares colombianos, entre jugadores, técnicos, dirigentes y hasta entre los mismos periodistas deportivos que le seguían las aguas.

Y aquí les tengo el “cerecita del postre”, y probablemente la peor tragedia de todas:

Hijo del chiqui GarciaLa convocatoria del hijo del “Chiqui” García a la selección. Eso fue una cachetada para todo el pueblo colombiano. Todas la demás desgracias fueron fortuitas y sin mala voluntad, pero que se haya incorporado deliberadamente a nuestra selección este paquete no tiene nombre. Su función de volante de destrucción aplicaba para los dos equipos. Es más, fuera de las canchas tampoco demostró lucidez. Recuerdo que lo llevaron a Nueva York a jugar uno de esos amistosos contra Guatemala (o algo así) y le preguntaron que qué la parecía la estatua de la libertad, y el muy petardo dijo que estaba como “verde”. Eso fue lo único que se le ocurrió. Que tristeza. (Desafortunadamente no he podido encontrar esa nota en YouTube. Si alguien la tiene que la comparta, ¡por favor!).

Saludos

@ivanj_ortega

De cuando llegó el fútbol profesional a Cartagena

Por aquel tiempo, cuando en Cartagena se vivía de unos triunfos lejanos en el beisbol, cuando a los niños se les animaba para que jugaran a la pelota caliente, cuando se libraba una guerra silenciosa entre el fútbol y el beisbol en la cuidad, llego una afortunada desgracia a la cuidad de Santa Marta que lo cambiaria todo en Cartagena y decretaría el fin de esta guerra a favor del fútbol.

Fue por allá en 1991 cuando los directivos del Unión Magdalena se dieron cuenta que no era rentable jugar en Santa Marta y decidieron probar en Cartagena. El equipo se llamaría Unión Lotería La Cartagenera, que después fue abreviado a Unión La Cartagenera. Hasta entonces, el único vínculo de Cartagena con el fútbol nacional era Wilmer Cabrera (hasta donde mi conocimiento me da, un cachaco nacido “de leche” en Cartagena) y Jaime Morón, un rapidísimo delantero cartagenero que fue figura en el club Los Millonarios en los 70s y que jugó algunos partidos con las selecciones Colombia en diferentes categorías. Me cuentan también que por allá en los 70s, el Bucaramanga, al parecer por los mismos motivos que el Unión, vino temporalmente a Cartagena y se llamó Real Cartagena. Ese experimento tampoco duro mucho.

En todo caso, por lo que recuerdo de lo que viví en esa época, creo sin temor a equivocarme que la llegada del Unión fue la estocada final. El fútbol ya se imponía poco a poco, no solamente porque era más barato y fácil practicarlo, sino porque también en el fútbol habían figuras y referentes de altísimo nivel, de esa generación que Maturana descubrió en los 80s y que emocionaba a todo un país con sus logros, estilo y resultados. Los mismo pelaos que uno se encontraba en las prácticas de beisbol eras lo mismos que te encontrabas más tarde en las prácticas de fútbol. Cuando llegaron Rentería y los hermanos Cabrera ya era muy tarde. Cartagena nunca olvido el beisbol ni muchos menos, de hecho, ahora más que nunca siguen saliendo peloteros para la MLB, pero ya no es ese deporte de masas que estaba arraigado a la cultura cartagenera.

En fin, cuando llego el Unión, el furor fue impresionante. Al fin íbamos a tener fútbol profesional en el legendario (aun sin terminar y cayéndose a pedazos) estadio Olímpico Pedro de Heredia (ahora llamado estadio Jaime Morón). Dicho sea de paso, no entendí nunca eso de Olímpico. Igual, nada más pasar por ahí, hacía soñar a miles de Cartageneros.

Estadio destruido

Por cosas del destino, fue mi mama la que nos llevó, a mi hermano a mí, al estadio a ver el primer partido. Unión La Cartagenera vs. Los Millonarios. Llegamos tarde, muy al estilo costeño, y ahí como pudimos entramos a la sección de sombra (sección que en la mayoría de los estadios se llama occidental). La sección oriental, norte y sur era llamada Sol, y era de sol, pero de sol bravo. No habían sino unas gradas de cemento quebrado alineadas con el centro del campo y el resto era monte y piedras. Con ese monte seco vi varias veces unos hinchas hacer fogatas y brincar todo el partido alrededor del fuego con una pancarta del Che Guevara (“exijo una explicación” como diría Condorito). Finalmente, ese día nos fuimos colando al segundo piso cuando iban como 30 minutos del primer tiempo. Como solo pudimos llegar a subir las escaleras, porque a cualquiera que intentara subir más allá le mentaban la madre, nos vimos lo que faltaba del primer tiempo arrodillados, a través de los huequitos de las barandas (me recordó mucho cuando tocaba verse las películas sentado en las escaleras del teatro Cartagena). Desde ahí se veía gente trepada en la Plaza de toros viendo el partido de “gratiniano”.

Union la Cartagenera vs Millonarios

El partido era lo de menos para mí mama, ella se juagaba un partido aparte con los nervios. No era para menos, esa vaina parecía que se iba a caer. Parecía pegado con mocos. La verdad, yo tenía miedo también. Aprovechamos el entretiempo para retomar fuerzas y bajamos, pero no fuimos capaces de volver a subir. Nos acomodados en la zona baja, cerca de la salida del camerino local, y ahí, desde un ángulo menos atractivo, nos terminamos el partido.

Me llamo la atención la fuerza con la que soplaba la brisa. En cualquier balón aéreo o saque de meta, era impresionante como el balón se detenía en el aire. Era como si el ciclón bananero se hubiera traído con él la tronco de brisa que hacia allá, en el Eduardo Santos de Santa Marta. También me sorprendí cuando por primera vez escuche a más 10 mil personas gritarle “hijueputa” a una misma persona. Era un corito pegajoso que re repetiría muchas veces en ese estadio al cual me unía siempre que el “hijueputa” del árbitro se lo mereciera. ¿Cierto que se sentía un fresquito? ¿No se si recuerdan también a un man que se paseaba en la planta baja de un lado para otro y cada vez que pasaba le gritaban “SAPO, SAPO”?, ¿Alguien sabe quién era y porque le gritábamos así?

Si la memoria no me falla, recuerdo especialmente a dos jugadores. Al Loco Jorge Rayo, un arquero que me parecía bastante bueno pero que muchos consideraban una imitación de tres pesos de Rene Higuita. El otro era el “Rambo” Sosa. No sé si era tan infalible como lo recuerdo pero era el referente de ataque y le vi varios goles al estilo de Cabañas. Ese día en Millonarios tapó un tal Oscar Córdoba.

Real-CartagenaEl Unión volvería poco tiempo después a ser nuevamente el Unión Magdalena de Santa Marta, pero no se llevó el fútbol con él. El Sporting de barranquilla, un equipo sin muchos hinchas, termino en Cartagena. Fue un movimiento lógico después de haber despertado al monstro de la afición por el fútbol en Cartagena. Había mercado y el billete estaba ahí. Así nació nuestro amado Real Cartagena que conocemos hoy.

La felicidad no duro mucho. Casi que simultáneamente crearon ese cuento del descenso a la categoría B del ultimo equipo del torneo del fútbol profesional. El primer  equipo en descender ya tenía nombre. Se sabía que seriamos nosotros. Ese año fue literalmente la crónica de una muerte anunciada. El Real bajo a la B y duro ahí mucho tiempo. Volvió a la A y alcanzo a jugar una final contra el Deportivo Cali. Desbarataron al equipo, cambiaron de técnico y lo condenaron nuevamente a la B, que nuevamente lo recibió con los brazos abiertos. El Real se convirtió en el primer equipo en descender dos veces (creo que el Cúcuta acaba de lograr la misma hazaña). Precisión : a la fecha ya van cuatro descensos.

 Cartagena siguió y seguirá acompañando al equipo y no quedaron dudas de que el amor por el fútbol sobrepasó los infortunios de nuestro equipo profesional. Cartagena siguió siendo tierra de fútbol y gracias a eso y a una buena gestión del gobierno distrital, la FIFA la acepto como sede para algunos partidos del Mundial Sub-20 que se jugó en Colombia en 2011.

Estadio Jaime Moron

El estadio, completamente remodelado, quedo a la altura de las exigencias FIFA para albergar lastimosamente partidos de la B del fútbol colombiano. Una verdadera lástima para esta afición que ya demostró que merece más.