Para mis queridos hinchas de la mechita

Barra del America de Cali

Les debo unas disculpas a los fieles hinchas del América de Cali. Me he metido con ustedes en reiteradas ocasiones en este blog y no quisiera pasar por una persona desalmada. Eso que ustedes están viviendo ya no es muy chistoso y burlarse a estas alturas ya no tiene ni gracia. Enterarme de que perdieron contra Popayán y que despues le ganaron los puntos en el escritorio me conmovió y me hizo caer en cuenta de lo cruel que he sido y que merecen respeto.

Conozco bien a muchos de ustedes: Sergio Moreno, Andrés Felipe “el Pipe” García, Carmelo Villamizar, Julius Pinedo, Juan Carlos Espinosa, John Alfonso, Erne Álvarez, entre otros. Grandes personas, por cierto.

Amigos, me arrepiento profundamente de haber ignorado sistemáticamente los reclamos que me enviaban algunos de ustedes cada vez que se me daba por hacer comentarios “malaleche” sobre su penosa situación en alguna de mis entradas.

No me imagino la impotencia que deben sentir. Los están matando, les están destrozando el alma lentamente, ¿hasta cuándo podrán soportar tantas aberraciones? Hasta la muerte, supongo.

Lo que si le digo a ustedes, amigos míos, y a los que llenan los estadios de Colombia, es que deben sentirse orgullosos pues reflejan el verdadero y real amor a un club de fútbol. Causa sorpresa que la pasión que los une a la “mechita” no se haya ido apagando con tantos sufrimientos y derrotas dolorosas vividas desde los años 70s terminando con la pesadilla de la B que aún no acaba. Es como si sufrir los hiciera más fuertes, como si perder les atara aún más el corazón al “diablito” que incluso ganar, como si quedar subcampeones los enalteciera más que ser campeones. No creo que haya muchos como ustedes en el mundo.

Condenados por la maldición del “garabato”, incluidos en la lista Clinton, vetados por patrocinadores y el sistema bancario, manoseados por gente ajena a la pasión del fútbol, los empujaron al abismo y cayeron al infierno…

America a la B

Pero ahí, en ese infierno llamado la B, era en donde los más optimistas esperaban, con algo de lógica, que “el diablito rojo” volviera a nacer para volver fuerte, con llamas en los ojos y con el “trinche” más afilado que nunca…. Han pasados tres años y nada. Es una pena.

Y no crean, la A y la Libertadores los extrañan. A los equipos de la A, que al principio se burlaban, ahora se les salen las babas cuando ven las tribunas del Pascual Guerrero – y de cuanto estadio pueblerino que los recibe – llenas y pintadas casi en su totalidad de rojo escarlata. Ahí hay una plática que las 300 personas que fueron a ver Junior vs Águilas Doradas en Pereira no serían capaces de recaudar nunca.

La gente del Depor Cali también debe extrañar los clásicos de antaño, la “sucursal del cielo” merece su clasico. Y hasta el Atlético Nacional, aburrido de ganarse su propio torneo, debe sentir lo mismo, nadie le hace pelea, nadie lo ataca y nadie lo despeina, ¡que pereza! Les hace falta “la mechita”, así los paisas no lo acepten.

Ya viene siendo hora de volver, este diablo no está hecho para vivir en el infierno, ¡se les extraña!

Y si tiene un tiempo, mi querido americano, aquí le dejo un videíto que sé que apreciara:

Hágalo por Colombia: identifique a su amigo “salao”

Refisal

Todos tenemos amigos como el gordo, el flaco, el negro, el gringo, el calvo, el mono, el orejón, el cabezón, etc… todos o casi todos fáciles de reconocer,  sin embargo ese amigo que seguramente tiene y que “sala” inescrupulosamente sus ilusiones futbolísticas es desafortunadamente más difícil de identificar.

Por eso, en vísperas del debut de Colombia en Brasil 2014, hago un llamado desesperado a todos los colombianos para que hagamos el esfuerzo de identificarlo claramente y nos abstengamos de ver los partidos de Colombia en compañía de dicha persona.

No es que recomiende que seas mal amigo, pero es mejor inventarse alguna excusita y después celebrar juntos la victoria, que compartir una tarde de sufrimiento mundialista y lamentarlo por cuatro años o más…

No crean, es una tarea difícil, llevo varios años intentándolo y aunque tuve varios candidatos, nunca lo pude confirmar (lo que me tiene sumamente preocupado).

He aquí los detalles de mi búsqueda (no daré nombres para no herir susceptibilidades):

Sospeché inicialmente de un gran un amigo con el que iba de vez en cuando a ver partidos del Real Cartagena en la B (cuando la B no se veía). Generalmente no había necesidad de la presencia de alguien “salao” para que el Real perdiera, pero si me di cuenta que cuando iba con mi amigo los partidos resultaban espectacularmente malos y que casi siempre quedaban 0-0. Para mí, eso ya era ser “salao”… ¡Ni un golcito! Un día, por pura casualidad se sentó en una grada más abajo y justo cuando se voltio a preguntar algo, el equipo visitante (Alianza Petrolera o alguno de esos de la B que andan subiendo a la A como si nada) metió un golazo de chilena y mi amigo no lo vio… Cuando terminó el partido 0-1, le dije: ¡Rafa, tu si eres de malas! (oops!)

En otra oportunidad, un fresco domingo de diciembre, cuando veíamos un partido de la semifinal del fútbol colombiano que ganaba Nacional 2-0, Rafa (ya se me salió ¿Qué hago?) no se cansaba de repetir: El 2 a 0 es el resultado más peligroso del fútbol colombiano. Faltando 15 minutos le metieron el 2-1 y en el último minuto les empataron… Rafa, furiosísimo, intentando pasar por sabio para disimular lo “salao”, lanzó furibundo un reclamo hacia los cielos  – ¡Dios mío! ¿Por qué me hiciste tan sabio? (Risas…)

Gracias a los últimos títulos del Nacional (sean o no obra y gracia de Imer Machado) y a la “Decima” del Real Madrid, tuve que abandonar esa hipótesis.

Imer Machado Nacional

Seguí en mi búsqueda y encontré otro del que sospeché porque hacía que mis partidos en la playa se me volvieran un suplicio. Después caí en cuenta de que no podía confundir ser “maleta” con ser “salao” y lo deje quieto. Al fin y al cabo, cuando el Yérman me acompañaba a ver al Real Cartagena había goles y hasta ganábamos… (oops!)

Sospeché de otro amigo por la simple razón de que era hincha del Deportivo Cali. El Cali no ganaba nada y yo suponía que era por su culpa y temía que su sal se desbordara y corroyera mis ilusiones.

Cuando me fui de Colombia, pensé que me había librado, ¡pero no!… Mi amigo inmigró también al Canadá. Cuando llegó me dijo que iba a empezar a ver hockey y a hacerle fuerza al equipo Los Canadienses de Montreal que venían en buena racha, pero su sal era de tan alta pureza que traspasaba las finas sedas de las fronteras deportivas y empezaron a perder… ¡ya esto era mucha sal! El día del partido definitivo de la serie semifinal traté de distraerlo para ver si pasábamos a la final de la NHL y lo llamé y le dije: Jorge, están pasando el partido del Cali por Goltv!, pero fue muy tarde… (oops!)

Su candidatura finalmente no fue retenida porque con él disfrute de los mejores partidos de la selección Colombia de Pékerman y además corroboré (en Wikipedia) que el Cali si había sido campeón del FPC en 1998 y en el 2005 cuando le ganó “sorpresivamente” al Real Cartagena con dos goles de Rodallega (hay que ser muy de buenas para ver eso). Además, últimamente lo veo feliz y contento por aquello de que su sueño de ver al América en la B al parecer se prologará por mucho tiempo…

Amercia en la B

Mi último sospechoso fue un gran amigo que conocí acá en Canadá. Ese man nunca había mostrado interés alguno por el fútbol, pero sorpresivamente empezó a acompañarnos sin falta en los partidos de Colombia por las eliminatorias a Brasil 2014. No sospeche al principio pues los resultados se nos estaban dando, pero después me di cuenta que cuando Venezuela nos ganó en Puerto Ordaz, él estaba ahí con nosotros viendo el partido, cuando Uruguay nos ganó en Montevideo, él nuevamente estaba ahí y después recordé que cuando México nos eliminó en el mundial Sub-20, él también estaba ahí casualmente…

Otro hecho que apoyaba mi hipótesis fue que caí en cuenta que el man era un “experto en sal”, pues fue él quien me enseño que la carne “de la cara” debe asarse con Sal Kosher y no con salsa BBQ (se la tiran, en serio!) y que aplicar la sal correctamente era todo un arte.

Carne asada

Ahora, pensándolo bien, se salva porque cuando le metimos los 3 a chile en aquel segundo tiempo de Barranquilla, el Carli estaba ahí con nosotros, en pleno desorden… (oops!)

Todo esto me lleva a una desafortunada conclusión: lo más probable es que sea yo mismo mi amigo “salao”… Le hice fuerza al Barça y se acabó la magia, le hice fuera al Atlético de Madrid y se acabó la garra, le hice fuerza al Junior y nada, y hasta le hice fuerza al Nacional y no pudo con equipito Uruguayo en la Libertadores… (puta!)

Igual, de malas, ni crean que no me voy a ver los partidos de Colombia en el Mundial… Y le confirmo a mi amigo “el negrito” que me invitó a su casa para el partido contra Grecia que allá estaré y que no se preocupe, me llevare un poquito de azúcar en los bolsillos pa’ nivelar. #VamosColombia

Por @ivanj_ortega

Los cartageneros somos infieles por naturaleza

Infidelidad futbolera-final

Señora, ¡espere!, no se vaya a poner a pelear con su marido. Tampoco se vaya a poner a revisarle el Inbox o el Whatsapp. ¡Cálmese!, no estoy hablando sobre ese tipo de infidelidad. Lo que sucede es que los cartageneros tenemos un don especial, nacemos con él, se ha ido transmitiendo genéticamente de generación en generación; los cartageneros amantes del fútbol tenemos la extraordinaria capacidad de celebrar a rabiar triunfos ajenos y de sufrir hasta el llanto las derrotas de otros. Además y no menos asombrosa, también tenemos la capacidad de cambiarnos de equipo con la misma facilidad que el Dr. Juan Manuel Santos cambia su discurso político.

Empecé a darme cuenta que tenía este don a muy temprana edad cuando cursaba la primaria. En ese entonces tenía un amigo caleño y un amigo paisa, cuando en Colombia habían prácticamente solo dos equipos, América y Nacional. Si en el recreo discutía o peleaba con uno, automáticamente era hincha del equipo del otro. Así fue como por varios años fui hincha de América y Nacional al mismo tiempo. También tenía un amigo que era del Junior, al que acudía cuando me peleaba con ambos, aunque como sabía que no había posibilidad de festejar nada, volvía rápidamente a uno de los dos poderosos, generalmente al Nacional, por aquello de que era la base de la selección.

Dicho esto, podría decirse que por aquellas épocas yo era oficialmente un “joperista” según lo explica el gran filósofo Barranquillero Trespalacios “El Propio”.

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Pero que tengamos este particular don no es pura casualidad. Resulta que nosotros, los pobres cartageneros, no tuvimos equipo profesional por mucho tiempo y para cuando lo trajeron ya era demasiado tarde, ya teníamos la capacidad de ser hinchas de equipos de otros lugares del mundo y de cambiar recurrentemente de colores. El hecho que nuestro siempre querido Real Cartagena no nos correspondiera en lo futbolístico agudizó un poco este don, pero creo que, aunque le hubiera ido bien, este gen ya se había desarrollado demasiado y ya estaba arraigado a nuestro promiscuo ADN futbolero.

Como cartagenero se supone que soy hincha del Real, pero le he sido infiel muchas veces. Algunos más descarados consideran al Real más bien como el cacho, la amante, la moza, con la que se divierten un rato, pero con la nunca llegan a ilusionarse. Un gran amigo (@Jucaes1_) hace poco me confesó – Yo era de la barra brava del Real, pero soy americano. Casi entre lágrimas le respondí – yo soy hincha del Real, pero soy juniorista.

Tenía cierta lógica, el Junior (¡Tu papa!) era lo más cercano que nos podía regalar triunfos y fue mi primer desliz oficial desde la aparición del Real. Ese cariño nació en la final del 93 cuando Mackenzie se sacó a Oscar Córdoba y metió un golazo que nunca olvidare. Al Junior, muchos cartageneros lo queremos, algo que por ejemplo en Argentina sería inconcebible si se supone que es nuestro rival de patio.

En algún momento, siendo hincha del Real y del Junior, también fui hincha del Deportivo Cali. Un amigo caleño empezó poco a poco a meterme ideas raras en la cabeza y cuando vine a ver andaba en la Renoleta 9 de mi mamá con la bandera del Cali, pitando y cantando “Pachito Ehe”. La gente se nos quedaba viendo como bichos raros. Un taxista nos preguntó – Aja cuadro ¿y quién fue que ganó?, le respondí con un acento caleño bien trabajado – Mirá vé, ganó el Cali ois, estamos en la final de la Libertadores… El man nos bembio y siguió su camino. En la final, por culpa de Martin Zapata, a quien se le dio por cobrar el penalti a lo bruto, el Cali perdió a su más fervoroso y fugaz hincha. Aprovecho este instante para pedirle disculpas a mi amigo de infancia, ese que era del América, pues un par de veces lo “obligué” a que nos acompañara a las celebraciones del Cali. Ahora caigo en cuenta que el plan tenía que ser jartisimo para él. ¡Qué pena checho!

Sufrí y celebré con el blanco blanco en el 2004. Ahí, otra vez, me volví hincha de otro equipo. Ese triunfo lo disfruté con “el ernie”, un amigo “joperista” (cartagenero hincha del Nacional), que como era de esperase, ese día también vistió su corazón de blanco blanco. Claro que también fui hincha de Boca Juniors, haciendo la claridad que esto solo fue cierto siempre que no se le cruzara a cualquier equipo colombiano en la Libertadores. En realidad, los cartageneros nos volvemos hinchas que cualquier equipo de Colombia que vaya a jugar afuera. Rescato que por lo menos le somos fieles a la patria.

Ya que lo menciono, también tenemos la prodigiosa capacidad de compartir nuestro corazón con clubes extranjeros, especialmente de Europa. ¿Qué tal con el Barcelona de Guardiola? Había más catalanes en Cartagena que en Catalunya, lo que naturalmente hizo que aparecieran cartageneros más madridistas que el Generalísimo Franco. Ahí estamos pintaos, aunque de esta si hago una salvedad, yo si era hincha del Barça desde hacía ya un tiempo, digamos que desde el Barça de Rivaldo, Kluivert, Cocu, de los hermanos De Boer y otros holandeses. Bueno, eso fue un poco después de haber dejado de ser hincha del Manchester United que me robó el corazón en dos minutos en la final de la Champions frente al Múnich.

En Italia fui hincha del Parma por lo del “Tino” Asprilla y lo hubiera sido del Atalanta, si Valenciano se hubiera adaptado a que no vendían fritos a las afueras del estadio. Terminé siendo hincha del AC Milán, más porque así se llamaba el equipo donde jugaba en la universidad que por otra cosa.

…en fin, esa es nuestra realidad, es así como los cartageneros vivimos el fútbol, teniendo “amores” intensos y esporádicos con diferentes equipos de todas partes del mundo y comiendo en casa sólo cuando nos conviene…

Un último mensaje : Señora, usted “tranquis”, que ya con la cachera que le metemos al Real Cartagena tenemos suficiente. Eso sí, si su marido es de Cartagena, le gusta el fútbol y es  única y exclusivamente hincha del Real Cartagena, ¡preocúpese!

Por @ivanj_ortega

El fútbol, mi papá y yo (parte 1)

Lo que les cuento en este par de entradas corresponde a unos recuerdos personales que guardo con mucho cariño sobre mi papá y el fútbol. Quise compartirlos porque sé que la mayoría de ustedes se sentirá identificado con ellos y sabrá apreciar el valor que podrían llegar a tener para los que amamos el fútbol y lo hacemos parte integral de nuestras vidas.

Euro88No me equivoco si el gusto por el fútbol me fue transmitido por mi querido padre (QEPD). Mi primer recuerdo es una imagen borrosa del mundial del ‘86. Tenía 5 años y supongo que él veía un partido. Lo único que recuerdo es que los comerciales se llevaban media pantalla. Probablemente lo que me llamo la atención fue como se estiraba la imagen y quedaban los jugadores como unos enanitos. Después de eso, recuerdo a mi papa feliz porque Holanda había ganado la Eurocopa de naciones. Recuerdo a Ruud Gullit con un suéter de cuadritos naranjados levantando la copa.

Aun no entendía que era exactamente ese deporte. Sabía que tocaba meter el balón en el arco y que no se podía tocar con la mano, pero hasta ahí. Ese mismo día tuve una revelación. Mi hermana mayor me dijo que habían dos arquerías. Estoy seguro que no se acuerda de eso. Yo no le creí y me sentí insultado. Pero ¿cómo no?, hasta ahí solamente había jugado a la herradura en el patio del colegio y la arquería era la reja de daba para la calle. No podía haber dos arquerías.

Nacional campeon libertadores

Ya en el 89, un poco más entendido del asunto, vi como mi papá siguió el recorrido de Atlético Nacional en la Copa de Libertadores de América. En uno de esos partidos metió las manos en el abanico de techo cuando Nacional metió un gol y la gritería de júbilo se confundió con un alarido y un « ay jueputa ». En la final con Olimpia del Paraguay, cuando la ronda de penales se alargaba y se alargaba, él gritaba “¡Leonel Álvarez!, ¡Leonel Álvarez!” cada vez que le tocaba cobrar a Nacional pero Maturana no lo consideraba en la lista de cobradores. Y cuando por fin, le toco a Leonel, no defraudó ni a mi papá ni a toda Colombia. Gano Nacional, gano Colombia su primer torneo internacional (o al menos eso creo).

También, recuerdo en la Libertadores del 90 una pelotera que hubo con Vasco da Gama y a Leonel Álvarez gritándole algo al entrenador del Vasco al final del partido (gano Nacional 1-0) y a mi papá más atrás gritándole al televisor: “díselo, díselo, yo voy y se lo digo, ¡nojoda!”. Después supe que ese partido lo habían tenido que repetir en Chile porque los brasileros habían reclamado que el árbitro había recibido amenazas en el partido de vuelta en Medellín donde Nacional ya había ganado 2-0. Nos habían herido el orgullo Colombiano con la complacencia de la Conmebol y de ahí la rabia de mi papá y de Leonel.

Su pasión también fue evidente cuando la Selección Colombia clasifico al mundial de Italia 90 después de jugar el repechaje con Israel. La expresión de felicidad en su cara era indescriptible pues llegamos al mundial después de 28 años de espera. Y qué decir de cuando Bernardo Redin metió el primero contra Emiratos Árabes Unidos, después de que durante todo el primer tiempo le había « mentao la maé ».

Seleccion Colombia Italia 90

Todos estos episodios y muchos más de euforia futbolística de mi padre durante mi niñez me convirtieron en un enfermo del fútbol y al mismo tiempo crearon un espacio en el cual estábamos completamente conectados, él, mi hermano y yo.

De ahí en adelante compartimos triunfos y derrotas, de la Selección Colombia, de nuestro Real Cartagena, del Junior (tu papa!), del equipo del colegio, del equipo de la escuela de fútbol, del equipo del barrio, del de la U, etc.

Continuara…

Espera la segunda parte en unos días.