Santa Fe, campeón de una desgraciada copa

Tomado de footballsize.com
Tomado de footballsize.com

El futbol sudamericano a nivel de clubes da tristeza, no tiene gracia. Para la muestra, un botón: la paupérrima final de anoche en la que Santa Fe de Colombia se coronó campeón de la copa Suramericana ante Huracán de Argentina. Después de 180 minutos más 30 de reposición daba la impresión que podían seguir jugando una semana y el partido iba a quedar en un triste y aburrido 0-0. ¿Ese esperpento era lo mejor del torneo continental?… Que tristeza! 😦

Me preparé con algo de ilusión para ver la final, imaginaba un partido cerrado pero emocionante. La ida había quedado 0-0 y todo estaba por jugarse en Bogotá. Entonces aproveché un descuido de la patrona y me vi el partido (desafortunadamente). No soy hincha de Santa Fe, pero con lo que ha sufrido esa gente, valía la pena hacerles fuerza, incluso, me puse mi calzoncillo de la buena suerte, ¡el mismo que utilicé en el Mundial!, ya lavado, obviamente. Pero nada, rápidamente, después del susto del primer minuto, me desinflé. El partido era tan malo que ni RojaDirecta se caía. Ya eso es mucho decir, ¡en serio!

Mientras bostezaba y puteaba a un tal Morelos y otro tal Angulo (delanteros de Santa Fe), me lamentaba de lo poco que los clubes sudamericanos representan la verdadera calidad de nuestros jugadores. Ese tal Huracán tampoco jugaba a nada.

Así las cosas, es fácil darse cuenta que el Mundial de Clubes no tiene ningún sentido, incluso dudo que sea un gran negocio y que algún día un equipo no europeo vuelva a ganar esa recocha. Claro, hay una explicación: los clubes europeos se llevan sistemáticamente a las promesas sudamericanas desde muy chichos -a los potencialmente “mejores jugadores del mundo”- y nos dejan el remanente. Solo de Argentina se “exportan” más de mil jugadores al año. Un solo ejemplo basta y sobra, el FC Barcelona disfruta de una delantera puramente sudaca: Argentina, Brasil y Uruguay… ¿Cómo no van ganar?

Entonces recordé algo que leí de mi autor favorito, el uruguayo Eduardo Galeano (QEPD), en su obra “La venas abiertas de América latina”:

“Cuanto más codiciado por el mercado mundial, mayor es la desgracia que un producto trae consigo al pueblo latinoamericano que, con su sacrificio, lo crea.”

El autor hablaba en ese momento del “Rey Azúcar” y de toda la desgracia que su producción traía a nuestras tierras y a nuestra gente en la época de la colonia. Fácilmente podemos utilizar esa misma frase para todo lo que surge en abundancia y de altísima calidad en nuestro subdesarrollado territorio: el oro, la plata, el cobre, el azúcar, el café, la cocaína y los futbolistas…

En todos los casos, sin duda, nuestra desgracia es irrefutable, y la final de anoche no fue la excepción. Esa es la realidad de nuestro pueblo, nos sacrificamos para enviarles lo mejor y nos tenemos que conformar con la miseria y los sobraos.

Pd: Felicitaciones a los hinchas de Santa Fe

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De comunismo, fútbol y mamertos…

Puño comunista

Supongo que por tanto parecerse a la religión, el fútbol terminó por ganarse –por algún tiempo- la enemistad de uno de sus más emblemáticos detractores, el comunismo.

Probablemente como consecuencia de ese extraño delirio de persecución que sufren y que han sufrido sus grandes líderes, los comunistas señalan a la religión de ser el “opio del pueblo” y condenan a todo lo que se le parezca de estar al servicio de los dominantes, de ayudarlos a confundir y a distraer al pueblo de su “verdadera” lucha: la lucha de clases. Aquella lucha que terminaría llevándonos a un ideológico “paraíso terrenal” (qué conveniente) en donde no hay clases: la dictadura del proletariado.

Pero al ir cambiando los tiempos, con la religión cuesta abajo y viendo que la famosa y esperada revolución que invertiría el orden mundial -que entre otras cosas debía darse por “obra y gracia” de una enigmática fuerza todopoderosa a la que llamaban “necesidad histórica” (qué conveniente)- no sucedía como se suponía, se llegó a la conclusión de que un nuevo, poderoso y delicioso opio se había estado apoderando del mundo sin que lo notasen: ¡el fútbol!

Así pues, cuando el fútbol apareció como deporte de masas, como fenómeno social, como ese “circo” que tanto rechazan los intelectuales, como la “única religión que no tiene ateos”, fue considerado como un “nuevo enemigo” de la revolución comunista. Dicen que algunos sabios de izquierda no dudaron en ponerle la misma etiqueta de “opio del pueblo” y que lo miraban de reojo. Como era de esperarse, sospechaban que había sido un invento frio y calculado de la burguesía, de la oligarquía, del “imperio” o de como quieran llamarlo, para distraer nuevamente al proletariado de su lucha.

Paradójicamente y sin tanto romanticismo, los regímenes comunistas durante la guerra fría utilizarían sagazmente el deporte (y en especial el fútbol) para fines propagandistas aprovechando su popularidad creciente, y se convertirían en verdaderas fábricas de atletas en su afán por demostrar la eficacia de su modelo para colocar a cada uno en “su sitio”.

Así, como en casi todos los conflictos, la guerra capitalismo-comunismo también se trasladaría al terreno deportivo. Entonces encontramos casos como el de la República Democrática Alemana (RDA o Alemania del Este) que fue un claro ejemplo del extremismo en el caían los regímenes comunistas de esa época para mostrarse poderosos y aparentar más de la cuenta, aprovechando también la ya fácil propagación de las noticias deportivas.

La crueldad del sistema se demostró cuando salieron a la luz las atrocidades a las que eran sometidos los atletas germanos como parte de un programa inhumano de entrenamiento, que además incluía todo tipo de experimentos con sustancias indetectables (hormonas, anabólicos, etc.) llamadas “UM” (Unterstuetzende Mittel: productos de apoyo). Escándalo que más tarde sería conocido como “dopaje de estado” y que llevaría a la cárcel a muchos funcionarios del caído régimen tiempo después.

“Se estima que unos 10.000 atletas de la RDA fueron dopados. En 1975, se había creado un departamento, “Deporte de competición II”, en el servicio de medicina deportiva de la ex RDA para organizar la administración sistemática de anabolizantes, con el objetivo de mejorar los resultados de los deportistas de Alemania Oriental.” (Tomado de El País Digital)

Foto: La selección de fútbol de Alemania Oriental que venció en Hamburgo en 1974.
Foto: La selección de fútbol de Alemania Oriental que venció en Hamburgo en 1974.

Un año antes, casualmente en el mundial de 1974, que por pura coincidencia se hacía en Alemania Occidental (socialdemócrata y capitalista, también otra hermosa teoría, por cierto), se enfrentarían las dos Alemanias en la fase de grupos. Era un momento que el comunismo tenía que “capitalizar” y así fue. Alemania Oriental le ganó sorpresivamente a Alemania Federal, para júbilo del agobiado pueblo del lado oriental del muro y para beneficio propagandista del movimiento comunista soviético. La Alemania Federal igual terminaría siendo la campeona de ese mundial y del de 1990 que se sumaban al ya conseguido milagrosamente en Suiza en 1954. La Alemania unificada no ganaría sur primer título que hasta el no muy lejano 2014.

Sin embargo, la RDA y su frio sistema si lograrían el dominio del fútbol olímpico (amateur) en los tiempos de la Cortina de Hierro: bronce en Tokio 1964, bronce en Múnich 1972, oro en Montreal 1976 y plata en Moscú 1980. Resaltando además su “inexplicable” presencia en la parte alta del cuadro de medallería en casi todos deportes en esas mismas décadas.

Alemania Oriental - JJOO Montreal 1976
Alemania Oriental, Juegos Olímpicos de Montreal 1976

Un pequeño paréntesis: me cuentan algunos colegas que presenciaron los juegos olímpicos acá en Montreal en 1976 que era increíble (e intimidante) ver a los atletas alemanes. Las mujeres parecía hombres y los hombres parecían robots. Con la mirada fija, híper concentrados, lanzaban un tenebroso grito de batalla y arrasaron con todo.

Finalmente, a mediados de los noventas, tras la caída del bloque comunista, me cuentan que los mamertos del mundo tuvieron un gran alivio, en especial los de Suramérica que aún insistían en que la revolución comunista estaba por venir. Aquellos, para los que todavía era “pecado capital” apasionarse por el fútbol, recibirían felizmente la autorización oficial que los despojaría de prejuicios y los dejaría disfrutar de este maravilloso circo llamado FÚTBOL.

las-venas-abiertas-de-america-eduardo-galeanoSe trataría del libro “El fútbol a sol y sombra” del escritor uruguayo Eduardo Galeano (QEPD), autor también del libro “Las venas abiertas de América latina”, un infaltable en la mochila de todo mamerto, que sorprendió a los dichos revolucionarios con hermosos escritos sobre fútbol, convenciéndolos de que patear un balón o gritar un gol con el alma no tenían por qué truncar el ideal de una sociedad justa. Aunque también vale la pena anotar que para poder hacer llegar el mensaje tuvo que poner al fútbol como una víctima más de la industrialización desalmada y del capitalismo, además de ir resaltando, cada vez que podía, las historias del pobre chico “cara sucia” que a través del fútbol le da lecciones a los ricos y poderosos.

En fin, así queda pues demostrado que el fútbol no es ni de izquierda, ni de derecha, ni de centro… ¡está por encima!

Meme-mamertos-futbol

¿Cobrar a riesgo? ¡No cometa esa locura!

James-rodriguez-colombia-vs-canada

Pitan la falta, el balón queda suelto, los rivales reclaman, alguien se aviva y mira con el rabo del ojo a un compañero, este se la pilla y se le mueve al espacio con suspicacia, se cobra a riesgo, es un pase corto pero habilitador, sorprenden, el portero intenta reaccionar, remate cruzado, ¡golazo!, celebran y le pintan la cara a los adversarios…  Los vencidos, ahora con impotencia, sienten que han ofendido su inteligencia, pero lo aceptan y finalmente se miran entre ellos con cara de… ¡estamos jodidos!

Cuando suceden estas fugaces acciones, cada vez menos frecuentes en el fútbol actual, me alcanzo a exaltar pues me recuerdan que algunos jugadores todavía están vivos, que tienen la sangre caliente y que por un momento dejaron de ser robots y maquinas del fútbol moderno, exageradamente coordinado, táctico y frio. Estas acciones, cuando suceden, me devuelven espontáneamente al pasado donde en las canchas callejeras, playas y parques, todo era juego, alegría, suspicacia y viveza pura.

Hoy en día, incluso en los potreros, los mismos jugadores prefieren apelar a la táctica fija preparada minuciosamente por el profe antes que tirárselas de “vivos” para sorprender… Ahora, es raro aquel jugador que desafía las frías órdenes del entrenador y, cual muchacho desadaptado, se atreve a salir del orden establecido sonsacando a sus compañeros para que lo sigan en su repentina travesura…

Pero al público le encanta esto y por eso espera, con paciencia, que los rebeldes o los alegres aparezcan, así sea esporádicamente, con repentinos destellos de viveza, a pesar de que todo está sistemáticamente dispuesto para evitarlo.

Hablando así, recuerdo justamente un aparte del libro “El fútbol a sol y sombra” de Eduardo Galeano, escritor uruguayo, que quisiera compartirles:

“La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía.

Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.”

Es por todo esto que creo que vale la pena hacer una interesante observación:

Afortunadamente en los genes del futbolista colombiano (y del latinoamericano en general), “la viveza”, o la llamada “la malicia indígena”, en el buen sentido de la expresión, sigue presente y sale a relucir con alguna frecuencia en los estadios del mundo, y no de uno, sino de varios jugadores que por instinto puro se conectan para dar el batacazo.

Así pues, no es de sorprender que la selección más alegre del Mundial de Brasil 2014 según convino la prensa internacional, Colombia, sea una de las que más intenta este tipo de jugadas. Es casi obvio, una cosa lleva a la otra, y ahí, poquito a poco, el folclorismo de nuestro pueblo termina ganándole al trabajo táctico – con algo de alcahuetería del profe Perkérman que bien nos conoce – y brotan de la nada jugadas como el tercer gol ante Grecia en el Mundial, el golazo de James Rodríguez a Canadá en un amistoso en New Jersey y el gol de Adrián Ramos ante Eslovenia en su propia casa.

Durante el mundial, intentaron otras “vivezas” parecidas, como rodarla mientras acomodaban el balón en el tiro de esquina para que otro jugador la recogiera y avanzara sin oposición hacia el área pues ya habían “cobrado”… El árbitro, aburrido y víctima del sistema, anuló la jugada, pero me cuentan que la gente se alcanzó a parar de las sillas ante la inminencia del gol que nunca llegó…

Y es que para quien es víctima de la viveza, también hay beneficios… ¿A quién no le sirve un pellizcón que lo saque del atolondramiento? ¿Quién no siente que aprendió algo después de darse cuenta de que lo “medio tumbaron”? ¿Quién no se dice, ¿ah sí?, voy aplicar la misma la próxima vez?

Y así, tanto en el fútbol como en la vida, esto es de viveza, de moverse rápido, de cometer la locura de cobrar a riesgo, de “papaya ponía, papaya partía” y de “no dar papaya”, claro está.

Pero tenga cuidado, no me malinterprete, no tiene que volverse un tramposo, un ratero, un mentiroso o un político, eso ya es otra cosa, aquí se trata de hacer la viveza respetando la reglas de juego al mismo tiempo que honra sus preciados valores morales…

Se las dejo ahi…

Por : @ivanj_ortega