¡No caga balón!

Luis Enrique cagándola muy campante…

Después de muchos años me he visto obligado a reconsiderar la validez de algo que me enseñaron en la escuela de fútbol a la que asistí en mi querida Cartagena, desde que era un niño hasta muy entrado en la adolescencia: Sentarse en un balón de fútbol es de mal gusto e irrespetuoso.

Luis Enrique - No caga balonUna foto del gran Luis Enrique, flamante entrenador del Barcelona FC, me puso a dudar sobre lo que asumí toda la vida como una verdad absoluta e irrefutable dentro de la comunidad del fútbol. Para mí era tan veraz este postulado que cuando vi aquella imagen me pareció algo tan insólito que pensé enseguida que podía ser material para el próximo libro de Luciano Wernicke sobre Historias Insólitas de Fútbol, pues seguramente había sido un hecho puntual que no se repetiría. Pero no fue así. Una y otra vez aparecían fotos similares en las redes que me martirizaban haciéndome sentir una horrible sensación de repudio, algo muy similar a lo que se siente cuando alguien no respeta las mínimas normas occidentales de convivencia (evacuación de gases y/o fluidos en público). Al mismo tiempo que experimentaba esta extraña indignación, me daba pena “ajena” por lo ridículo que se veía Lucho ante mis ojos. Era algo muy similar a lo que se siente cuando uno ve a un jugador profesional que no sabe hacer un saque de banda… ¡Como si fuese un pobre novato en esto del fútbol!

Para colmo de males, semanas después vi una foto de Sebastián Rincón, hijo del gran Freddy Rincón, haciendo lo mismo… ¡No puede ser! ¡Y hasta se está propagando entre los jóvenes!

Sebastián Rincón cagándola muy sonante…

Y es que bien lo dijo Diego Armando Maradona el día de su partido de despedida:

“La pelota no se mancha”

¡Y mucho menos de MIERDA!… Le agregaría yo, tomándolo literalmente.

Esta especie de obsesión nació en mi porque el profe, Walter Moraes “Waltinho” (campeón con Santa Fe en los 60s), nos insistía mucho en que debíamos tratar bien al balón – como podía esperarse de un brasilero – lo que incluía no pegarle puntazos, no reventarla y muchísimo menos sentársele encima. A pesar de sus reiteradas lecciones, algunos lo olvidábamos y sin darnos cuenta nos sentábamos en la pecosa. ¡Ay de aquel pobre que se dejara pillar! Ahí mismo salía el profe como alma que lleva el diablo a pegarle su regañón – ¡No caga balón! ¡No caga balón!, decía en tono “forgte” con marcado acento portugués, como pidiendo un mínimo de respeto para con nuestra preciada joya, aquella que ha sido la protagonista de los hechos más importantes de los menos importantes de la historia de la humanidad (o algo así dijo Jorge Valdano).

Waltinho - tomado de flickr
Walter Moraes “Waltinho”

Es más, los otros profes, que además de inculcarnos buenas costumbres como cuidar los útiles (guayos, canilleras, conos, etc.), también nos insistían en lo mismo y nos decían que los balones – marca Golty®, por cierto – se ponían “huevopatos” por culpa de aquellos que hacían esta gracia de sentarse en ellos. Razón de más para respetar consigna.

La verdad es que tantos años oyendo ese mismo regaño –  ¡Iván! ¡No caga balón! –  tuvieron por efecto que, todavía a estas alturas, no soporte ver a alguien sentado encima de un balón. En serio, me ofende tanto que lo considero un insulto al fútbol mismo. Es como rebajar al balón a un simple objeto, lo cual obviamente no es. ¡No hay derecho! ¡No lo soporto!

Amigos, les confieso que ver a Luis Enrique en “esas” no fue fácil. Muchas preguntas saltaron a mi mente, preguntas que no he podido resolver; ¿Es posible que semejante personaje del fútbol mundial no respete al balón? ¿Será que para los europeos eso no significa un irrespeto? ¿Y si estoy exagerando? ¿Y si sólo era un cuento para que no dañáramos los balones? ¿Y si si es cierto?… De todas formas creo que ya es muy tarde, nunca podre concebirlo, me costaría tanto trabajo romper este paradigma que no vale la pena intentarlo…

Como supongo que le causa gracia esta “batalla interna de pacotilla” que estoy librando, le tengo un ejemplo para que entienda lo que estoy viviendo. Le propongo  – a ver si puede – que la próxima vez que alguien se eche un gas delante suyo, intente no ofenderse y más bien, ¡apúrese a olerlo!, que ya salió un artículo diciendo que eso es bueno para la salud… ¡Rompa ese paradigma! ¡Hágale, lo quiero ver!

Ya que me entendió, ahora ayúdeme a difundir esta esta campaña en las redes sociales para que los jugadores profesionales, entrenadores (en especial Luis Enrique) y aficionados no sigan cometiendo esta infamia y, de paso, para que evite que me vaya a dar un infarto. ¡Gracias!

@LUISENRIQUE21 ¡No más, por favor! Por lo menos cambie la foto del Twitter! #Nocagabalon

Luis Enrique - Twitter
Tomada de su cuenta de Twitter el 20 de Octubre de 2014

 

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Jugando y cagando

Perro en cancha de rosario

Ya que estamos entrando en confianza, esta vez les voy a relatar uno de los momentos más desagradables que he vivido en toda mi vida. Por supuesto todo ocurrió mientras andaba jugando fútbol por ahí. Eso sí, le advierto, si usted es una persona asquienta le recomiendo abstenerse de continuar leyendo este asqueroso texto.

Todo pasó una tarde de un sábado cualquiera. Ese día nos encontramos los mismos de siempre, en la misa playa de siempre, al frente del hotel Decamerón de Cartagena, para echar el picaito de siempre. Unos minutos después de haber iniciado, sentí unos fuertes retorcijones y empecé a temer lo peor. Pensé que era pasajero y seguí como si nada. Después, viendo que la cosa no se pasaba y que regresar corriendo a mi casa no era una opción, me retiré disimuladamente del partido para tratar de sobrellevar la situación con el “poder de la mente”, pero nada, la vaina estaba grave. Intente un truco que me enseñaron de las ciencias orientales: colocarse una ramita sobre la oreja derecha para hacer que el intestino cese de trabajar… me funcionó muchas veces, pero no esta vez…

Agotados todos los recursos mentales, y ante la evidente emergencia, todos se dieron cuenta y pararon el partido. Me aconsejaron todo tipo de soluciones, desde entrar al mar a cagar hasta irme pa un espolón y hacer la vuelta agachaito. Obviamente, nunca considere esas opciones…

Finalmente “el ernie” que vivía a sólo dos cuadras me ofreció el baño de la piscina de su edificio. Corrí como pude, apretando el culo, y alcancé a llegar justo a tiempo. Después de semejante esfuerzo mental y físico, decidí abandonar el partido, le di mil gracias al “ernie” y le dije que nos pillábamos más tarde… ¡grave error!

Esa noche, obviamente el tema no pudo ser otro y al dar el papayazo, mis amigos, especialistas en poner apodos, desbordaban de creatividad. Ese día me gané uno de los tantos apodos que tuve. Ese día pase de que me dijeran Ivancho a que me dijeran Ivan-choú… (por el sonido que se producia cuando iban cayendo los… bueno, ustedes saben).

Años después viví una situación similar, pero tuve un poco más de suerte ya que no esperé hasta última hora. A unos minutos de comenzar un partido crucial en el torneo interno de la universidad sentí los mismos retorcijones y empecé nuevamente a hacer control mental. Siempre había jurado no utilizar esos baños, pero finalmente sopesé los riesgos de jugar con ganas de “hacer del cuerpo”, lo que me condujo a dejar mi orgullo a un lado y a entrar a los baños que colindaban con el “teórico” campo de softbol. Tuve una suerte increíble, ¡había papel higiénico!… encontrar papel higiénico en esos baños es más difícil que ganar el tercer parcial de ecuaciones diferenciales, créanme, es casi imposible. Afortunadamente no sufrí la suerte de muchos otros, que ante la ausencia del preciado papel, tuvieron que hacer uso de las medias de jugar fútbol y de ahí a que los vieras después jugando con medias prestadas de otros colores… No quiero ni pensar qué sería de aquellas medias abandonadas envueltas en M… ¡uisshhh!

Oigan, pero no soy el único. El fútbol y la M se han visto entrelazados en anécdotas increíbles y en situaciones muchísimo más definitivas que las que yo he vivido.

Si no les da mucho asco, aquí les dejo algunas que valen la pena:

Diarrea boliviana en Uruguay 1930. Tomado del libro “Historias insólitas de los mundiales de fútbol” de Luciano Wernicke.

«Minutos antes de saltar al campo de juego para enfrentar a Yugoslavia, el 17 de Julio en el Parque Central, los once futbolistas bolivianos se calzaron sobre su camiseta verde una chomba blanca con una letra gigante en el pecho. Los muchachos andinos habían ensayado una obsecuente coreografía para ganarse al público local: al presentarse, de cara a la platea, cuatro de ellos formarían con sus cuerpos la palabra “Viva”, y los siete restantes “Uruguay”. Pero el hombre propone y Dios dispone. Y Dios quiso que uno de los bolivianos fuera atacado por una repentina diarrea instantes antes de salir del vestuario. Mientras el infortunado jugador decoraba con su enorme U uno de los inodoros, los diez restantes, sin advertir su ausencia, se formaron como habían ensayado…para garabatear la frase “Viva Urugay”, que no entusiasmó demasiado a los orientales (Uruguayos)».

La Bombonera da miedito. Tomado del Portal de Fútbol Red, publicación del Jueves 9 de mayo de 2013.

 «El 23 de junio de 2004, en el partido de ida de la final de la Copa Libertadores entre Once Caldas y Boca Juniors de Argentina, en La Bombonera, el colombiano Jhon Viáfara literalmente se cagó cuando iban alrededor de cinco minutos de juego. ¿Mal de estómago, nervios, estrés o todas las anteriores? Nunca se sabrá, pero lo que sí es que el volante le pidió cambio al técnico Luis Fernando Montoya, quien no se lo aceptó. El defensa argentino Rolando Schiavi les gritaba a sus compañeros que no se le acercaran a Viáfara, porque olía muy mal. Viáfara, insistentemente, pedía bolsas de agua y se las regaba en la espalda, para tratar de disimular el olor. Solo en el entretiempo pudo bañarse y cambiarse el uniforme del equipo blanco, que para fortuna suya, ese día fue negro».

Descargar da buena suerte. Tomado del portal Goal.com en la sección “Empieza a creer”. Referenciado por uno de mis más fieles lectores, Juan Carlos Espinosa (@Jucaes1_)

«En su biografía, Andrea Pirlo relató algunas curiosas anécdotas. Una de ellas, relacionada con un peculiar ritual de su compañero en el Milán, Filippo “Pippo” Inzaghi. “Pippo cagaba… y cagaba mucho, cosa que es buena, pero lo hacía en el vestuario justo antes de los partidos”. “Iba al baño tres o cuatro veces en 10 minutos”. Inzaghi siempre replicó que evacuar le daba suerte. “A nosotros no. ¿Qué has comido, un cadáver?”, le reclamaba Pirlo.»

Emergencia sanitaria en El Campin. Tomado de El Tiempo de Colombia. Partido entre Santa Fe y Cortuluá jugado el 31 de julio del 2010.

«Un detalle: Agustín Julio, al minuto 63, salió disparado, corriendo, hacia su vestuario sin ninguna lesión, y el árbitro Sebastián Restrepo detuvo el encuentro. Seguramente, inconvenientes estomacales lo trasladaron al improvisado vestuario. Allí tardó cinco minutos. El hecho lo confirmó el entrenador Néstor Otero, quien le dijo a los medios de comunicación que “tuvo un problema con D”, es decir una diarrea. »

Perra cagada. Tomado del diario La Gaceta de Argentina. Partido entre Rosario y River jugado el 17 de febrero del 2014.

«El ingreso de perros a las canchas de fútbol en la Argentina ya es cosa corriente, porque eluden los controles o porque los arrojan a propósito al campo de juego para favorecer al equipo local con la pérdida de tiempo que implica atraparlos y sacarlos. Hoy, un perro entró al campo de juego mientras Rosario Central y River jugaban el segundo tiempo en el Gigante de Arroyito y, no conforme con pasearse por toda la cancha y gambetear a los protagonistas que intentaban capturarlo, se acomodó en el área del Canalla e hizo caca sin ningún problema frente a la multitud de colmaba el estadio y a las cámaras de televisión. El episodio divirtió al público presente y generó una ovación. Finalmente, el animal fue atrapado y retirado de la cancha.» 

Iba a contarles más historias, pero me acaba de entrar un tremendo retorcijón… mejor dejemos eso así… ¡nos vemos!

Por @ivanj_ortega