Clases de fútbol para señoras – Lección #15: El Piscinero

Neymar Jr Piscinero

Muchas veces verán a sus maridos indignarse con algunos jugadores y tildarlos de “piscineros”.

Sin ánimos de ofender a los que se ocupan del mantenimiento y cuidado de las piscinas, su marido está simplemente insultando a ese jugador llamándolo “tramposo”.

La trampa: algunos jugadores intentan engañar al árbitro simulando una falta dentro del área para que les otorguen un penalti. Aprovechan cualquier jugada donde exista una mínima posibilidad de contacto para “tirarse de clavado” en el área.

El máximo exponente de este nuevo arte es el brasilero Neymar Jr, sin embargo un colombiano logró el más espectacular engaño de todos los tiempos…

Con ustedes, el “Piojo” Acuña del Junior de Barranquilla:

Al ver esta situación, no dude en agregarse inmediatamente a los “indignados”… Si la trampa favorece a los nuestros, indígnese con los “indignados”…

Por @ivanj_ortega

Espere próximamente: El Ocho

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Descubriendo a Heleno de Freitas #GraciasGabo

No, este post no está dedicado a Gabriel García Márquez (QEPD). Todo lo que hay de decir (de bueno y de malo) está dicho, no tengo nada que agregar. Sin embargo, les cuento que en uno de los tantos escritos que brotaron en redes sociales y medios de comunicación minutos después de confirmarse su fallecimiento, hice un descubrimiento extraordinario, descubrí a Heleno de Freitas… todo un personaje, dentro y fuera de las canchas.

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En un artículo publicado en 1950 por El Comercio de Lima GDA (Grupo de Diarios de América) conocido como “El Juramento”, Gabriel García Márquez, dentro de lo que él mismo llamó su debut como comentarista de fútbol, dejo ver una extraña admiración por un tal Heleno, en un partido jugado entre el Junior y Millonarios en el estadio Romelio Martínez (El Municipal) de Barranquilla:

«Por otra parte, si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas. Su sentido del cálculo, sus reposados movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía.» Texto completo aquí.

Mientas la mayoría de los lectores se degustaban, entre la nostalgia y la tristeza, con las letras del joven García Márquez, a mí me llamó la atención otra cosa… ¿Quién era Heleno?, ¿Por qué Gabo se rendía a sus pies si el mismo Di Stefano estaba en la cancha?, ¿Por qué yo, supuesto conocedor de fútbol, no sabía de su existencia?… Solo preguntas que se harían aquellos anormales que solo pensamos en fútbol, estadísticas, equipos, jugadores, etc., que andamos olfateando, cuales perros sabuesos, historias de fútbol hasta en las circunstancias más inoportunas.

el dia en que el futbol murioResulta entonces que me topé con Heleno de Freitas que, según los artículos y notas que encontré, pudo haber sido igual o más grande que Pelé. Dicen que era picardía pura, efectividad y elegancia. Desafortunadamente no nació con “estrella”; primero porque explotó en los 40s cuando no hubo Mundiales, y segundo porque su personalidad, carácter conflictivo y debilidad por los vicios mundanos acabaron rápidamente con lo que pudo ser LA LEYENDA MÁS GRANDE DEL FÚTBOL MUNDIAL.

Su vida y su carrera fueron tan trágicas, tan cortas y tan espectaculares que han sido material de varios libros (entre otros, “El día en que el fútbol murió” del periodista colombiano Andrés Salcedo), además de obras de teatro y hasta de películas (de hecho, hay una protagonizada por Angie Cepeda… buenísima, digo, la película).

Ahí les dejo los cortos:

Heleno venia de familia de negociantes, era culto, poliglota, bien parecido y hasta logró el título de abogado paralelamente a su carrera de futbolista. Tenía todo para triunfar, tenía el mundo a sus pies, pero lo que pudo ser una película con un final feliz terminó en “tragedia griega”.

Su exquisito talento fue descubierto por un director técnico que se hacía pasar por un tendero en las playas de Copacabana y que les lanzaba naranjas a los muchachos para que ver como reaccionaban… Heleno hizo malabares con la naranja y pronto estaría formando oficialmente con el Botafogo, donde jugaría la gran parte de su carrera; de 1939 a 1948, como principal ídolo de la fanaticada.

También pasaría brevemente por Boca Juniors, por Vasco da Gama, por el Junior de Barranquilla, ahí donde García Márquez lo admiró sin el más mínimo sentido del ridículo, y después, al intentar volver a Brasil, fue desechado por su mal estado y por sus ya conocidos y recurrentes altercados con compañeros, árbitros, hinchas, directores técnicos, periodistas y rivales… más tarde se sabría que tenía neurosífilis, lo que explicaría sus comportamientos irracionales.

Se decía que odiaba el fútbol y que solo jugaba para tener esa sensación de victoria, para lograr la admiración de los fanáticos, para alimentar su ego y para darse aires de galán y de superestrella.

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El tipo era un verdadero “Tumba locas”, un “Don Juan”, un “Papi-bollo”, incluso lo llamaban “el futbolista más bello de Brasil”. Fue tanta su fama de “buen polvo” que dicen que mientras estuvo en Argentina fue amante de Eva Perón. Cuando estuvo en Barranquilla, cuentan que se puso la cuidad de “ruana”, andaba en carros lujosos, bellas motos, se gastaba todo en casinos, trago, drogas y mujeres… bueno, en mujeres no tanto, porque decían que las putas de barranquilla lo adoraban, que se excitaban con su sola presencia y que se lo “daban” hasta gratis.

Al parecer su último año de lucidez fue en barranquilla, pues al volver a Brasil y tras quedarse sin equipo, habiendo perdido toda razón, consumido por sus excesos, terminó en un hospital psiquiátrico, donde moriría en 1959 en el olvido con solo 38 años, pesando 30 kilos y con un sólo diente en aquella boca que se cansó de besar los labios de las mujeres más hermosas de Brasil, Colombia y Argentina.

No conocer de Heleno, “el príncipe maldito”, me produjo cierta frustración, pero entendí que su historia pasó al olvido porque su vida y su carrera fueron tan explosivas como fugaces y carentes de gloria. Supongo que las historias épicas del Rey Pelé y los míticos del fútbol brasilero hicieron que poco llegara a las orejas de las nuevas generaciones. Nadie se acuerda del subcampeón, dicen por ahí…

Los cartageneros somos infieles por naturaleza

Infidelidad futbolera-final

Señora, ¡espere!, no se vaya a poner a pelear con su marido. Tampoco se vaya a poner a revisarle el Inbox o el Whatsapp. ¡Cálmese!, no estoy hablando sobre ese tipo de infidelidad. Lo que sucede es que los cartageneros tenemos un don especial, nacemos con él, se ha ido transmitiendo genéticamente de generación en generación; los cartageneros amantes del fútbol tenemos la extraordinaria capacidad de celebrar a rabiar triunfos ajenos y de sufrir hasta el llanto las derrotas de otros. Además y no menos asombrosa, también tenemos la capacidad de cambiarnos de equipo con la misma facilidad que el Dr. Juan Manuel Santos cambia su discurso político.

Empecé a darme cuenta que tenía este don a muy temprana edad cuando cursaba la primaria. En ese entonces tenía un amigo caleño y un amigo paisa, cuando en Colombia habían prácticamente solo dos equipos, América y Nacional. Si en el recreo discutía o peleaba con uno, automáticamente era hincha del equipo del otro. Así fue como por varios años fui hincha de América y Nacional al mismo tiempo. También tenía un amigo que era del Junior, al que acudía cuando me peleaba con ambos, aunque como sabía que no había posibilidad de festejar nada, volvía rápidamente a uno de los dos poderosos, generalmente al Nacional, por aquello de que era la base de la selección.

Dicho esto, podría decirse que por aquellas épocas yo era oficialmente un “joperista” según lo explica el gran filósofo Barranquillero Trespalacios “El Propio”.

Pero que tengamos este particular don no es pura casualidad. Resulta que nosotros, los pobres cartageneros, no tuvimos equipo profesional por mucho tiempo y para cuando lo trajeron ya era demasiado tarde, ya teníamos la capacidad de ser hinchas de equipos de otros lugares del mundo y de cambiar recurrentemente de colores. El hecho que nuestro siempre querido Real Cartagena no nos correspondiera en lo futbolístico agudizó un poco este don, pero creo que, aunque le hubiera ido bien, este gen ya se había desarrollado demasiado y ya estaba arraigado a nuestro promiscuo ADN futbolero.

Como cartagenero se supone que soy hincha del Real, pero le he sido infiel muchas veces. Algunos más descarados consideran al Real más bien como el cacho, la amante, la moza, con la que se divierten un rato, pero con la nunca llegan a ilusionarse. Un gran amigo (@Jucaes1_) hace poco me confesó – Yo era de la barra brava del Real, pero soy americano. Casi entre lágrimas le respondí – yo soy hincha del Real, pero soy juniorista.

Tenía cierta lógica, el Junior (¡Tu papa!) era lo más cercano que nos podía regalar triunfos y fue mi primer desliz oficial desde la aparición del Real. Ese cariño nació en la final del 93 cuando Mackenzie se sacó a Oscar Córdoba y metió un golazo que nunca olvidare. Al Junior, muchos cartageneros lo queremos, algo que por ejemplo en Argentina sería inconcebible si se supone que es nuestro rival de patio.

En algún momento, siendo hincha del Real y del Junior, también fui hincha del Deportivo Cali. Un amigo caleño empezó poco a poco a meterme ideas raras en la cabeza y cuando vine a ver andaba en la Renoleta 9 de mi mamá con la bandera del Cali, pitando y cantando “Pachito Ehe”. La gente se nos quedaba viendo como bichos raros. Un taxista nos preguntó – Aja cuadro ¿y quién fue que ganó?, le respondí con un acento caleño bien trabajado – Mirá vé, ganó el Cali ois, estamos en la final de la Libertadores… El man nos bembio y siguió su camino. En la final, por culpa de Martin Zapata, a quien se le dio por cobrar el penalti a lo bruto, el Cali perdió a su más fervoroso y fugaz hincha. Aprovecho este instante para pedirle disculpas a mi amigo de infancia, ese que era del América, pues un par de veces lo “obligué” a que nos acompañara a las celebraciones del Cali. Ahora caigo en cuenta que el plan tenía que ser jartisimo para él. ¡Qué pena checho!

Sufrí y celebré con el blanco blanco en el 2004. Ahí, otra vez, me volví hincha de otro equipo. Ese triunfo lo disfruté con “el ernie”, un amigo “joperista” (cartagenero hincha del Nacional), que como era de esperase, ese día también vistió su corazón de blanco blanco. Claro que también fui hincha de Boca Juniors, haciendo la claridad que esto solo fue cierto siempre que no se le cruzara a cualquier equipo colombiano en la Libertadores. En realidad, los cartageneros nos volvemos hinchas que cualquier equipo de Colombia que vaya a jugar afuera. Rescato que por lo menos le somos fieles a la patria.

Ya que lo menciono, también tenemos la prodigiosa capacidad de compartir nuestro corazón con clubes extranjeros, especialmente de Europa. ¿Qué tal con el Barcelona de Guardiola? Había más catalanes en Cartagena que en Catalunya, lo que naturalmente hizo que aparecieran cartageneros más madridistas que el Generalísimo Franco. Ahí estamos pintaos, aunque de esta si hago una salvedad, yo si era hincha del Barça desde hacía ya un tiempo, digamos que desde el Barça de Rivaldo, Kluivert, Cocu, de los hermanos De Boer y otros holandeses. Bueno, eso fue un poco después de haber dejado de ser hincha del Manchester United que me robó el corazón en dos minutos en la final de la Champions frente al Múnich.

En Italia fui hincha del Parma por lo del “Tino” Asprilla y lo hubiera sido del Atalanta, si Valenciano se hubiera adaptado a que no vendían fritos a las afueras del estadio. Terminé siendo hincha del AC Milán, más porque así se llamaba el equipo donde jugaba en la universidad que por otra cosa.

…en fin, esa es nuestra realidad, es así como los cartageneros vivimos el fútbol, teniendo “amores” intensos y esporádicos con diferentes equipos de todas partes del mundo y comiendo en casa sólo cuando nos conviene…

Un último mensaje : Señora, usted “tranquis”, que ya con la cachera que le metemos al Real Cartagena tenemos suficiente. Eso sí, si su marido es de Cartagena, le gusta el fútbol y es  única y exclusivamente hincha del Real Cartagena, ¡preocúpese!

Por @ivanj_ortega