¿Hay una persona detrás del futbolista?

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Saludo entre Navas y De Gea en amistoso España vs Costa Rica

El manoseo al que se ven expuestos los futbolistas profesionales quedó finalmente representado con el caso David de Gea – Keylor Navas. Dos de los equipos más importantes y ricos del mundo, Manchester United y Real Madrid, pasaron a verse como dos instituciones primitivas en cuanto al trato del ser humano.

Culpa de uno o culpa del otro, el “papelón” no se reduce a que no llegaron los documentos del traspaso a tiempo, aunque parezca increíble. Aquí lo que sale a relucir es que este par de extraordinarios futbolistas fueron tratados como mercancía, como simples objetos. Ambos arqueros, de una calidad espectacular, sin duda desarrollada a pulso y con esfuerzo, fueron menospreciados y “pordebajeados” por sus mismos clubes. Y no es que uno no entienda que debe haber competencia interna por el puesto, que hay ciclos que se cumplen, necesidades tácticas, etc., pero hay formas de hacer las cosas por lo sano, sin denigrar a la persona… ¿O es que no hay una persona detrás del futbolista?

Para poner un ejemplo, comparemos la salida de Xavi del Barcelona con la salida de Casillas del Real Madrid, ¿igualitas? No creo. Y no pongo el ejemplo por ser barcelonista, pues sé que por allá también hay tratos injustos y malsanos, lo pongo de ejemplo porque ante semejantes ídolos era lo mínimo, una grata despedida, y al menos uno de los dos cumplió, es decir, si se puede.

Imagínense ahora la incómoda y fastidiosa situación para Keylor y David al tener que quedarse a donde no los quieren, a donde fueron maltratados, sea por su jefe directo (Louis van Gaal) o por el dueño de la tienda (Florentino Perez). ¿Cómo se estarán sintiendo ambos? ¿Con qué ganas van a ir a trabajar si no confían en ellos? Gajes del oficio, dirán algunos, un ítem más incluido en el gran sueldo que devengan, dirán otros, con lo que ganan, ¿qué importa?, piensa usted seguramente… Su salud mental, sus sentimientos, su vida social y familiar, ¿eso pa’ qué? Eso no importa.

Pero lo que me deja pensando de esta situación es que si para estas dos “serias” multinacionales del deporte (y del entretenimiento) el buen trato y el bienestar de los protagonistas de su “show” pasa a un segundo plano, ¿qué se puede esperar de los clubes “normalitos” y “pobres” del resto del mundo? Si la tendencia en el mundo de las organizaciones es valorar cada vez más al capital humano, al menos superficialmente, ¿por qué en el fútbol parece que estuviéramos yendo a contracorriente? Como si en el mundo de los negocios no se tuvieran incluso más presiones que en un partido de futbol… Ay Dios, ¿qué será de los pobres futbolistas que igual son manoseados de esta forma (o peores) y que nadie se entera y a los que ni siquiera se les “cuadra” con alguito de plata?, aunque insisto, la plata no necesariamente soluciona todo.

En este caso, el Real Madrid le tiene que pagar 10 M € a David De Gea por no haberlo fichado (estaba en el pre-acuerdo) y a Keylor Navas le tienen que responder, al menos en parte, por el aumento salarial de 2.5 M € a 5 M € que le habían ofrecido para que aceptara de “buena gana” el desprecio, digo, el traspaso. Por las horas de espera en el aeropuerto con su familia atento a que le avisaran que se podía subir a un avión rumbo a Inglaterra ya al menos recibió unas disculpas formales del club, pero ¿será suficiente para compensar el suplicio que vivirán en esta temporada? ¿Les parece justo? ¿Debe uno aceptar trabajar a donde no es valorado después de haber hecho tantos esfuerzos? ¿Hasta dónde somos capaces de rebajarnos por plata? ¿Si será que se podrá ser feliz así?

En fin, en lo que ha quedado un juego con una pelota 😦

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Sufriendo al lado de Falcao

Foto: AFP
Foto: AFP

Desde que Falcao llegó al Manchester United me las he arreglado para verme casi todos los partidos. Si anuncian que va de titular, con mayor razón dispongo lo necesario para disfrutar del partido. Sin embargo, generalmente, y para mi desgracia, la ilusión con la que arranco a ver el encuentro se esfuma a los pocos minutos.  La angustia que se le ve en la cancha, como luchando solo contra el mundo,  se apodera de mí y entonces comienzo a sufrir junto con él esa agonía de tratar de meter un golcito en un equipo que juega tan mal. Para la muestra, un botón: aquí las imágenes del partido contra el Sunderland del fin de semana anterior, entre choques y desespero (por futbolred.com).

Definitivamente, uno no siempre entiende el porqué de las injusticias que a veces le reservan a las buenas personas el fútbol y la vida.

No es fácil verlo deambular por la cancha, mendigando un pasecito, a ver si algún compañero le suelta una y le confía la finalización de alguna jugada. Al parecer sus mismos compañeros se han dejado llevar por la poca confianza que le tiene su entrenador. La mayoría de jugadores, al igual que él, se ven atados, incomodos, sin ideas, pero al menos no se les ve esa terrible presión que se nota en los gestos de Falcao. Al gran responsable, Louis van Gaal, no le importan las frustraciones o necesidades de sus propios jugadores, él solo quiere sumar puntos y para desgracia lo ha hecho, y ha demostrado que sus métodos, aunque fríos, mezquinos y poco populares, funcionan. La enorme cantidad de títulos ganados los confirma. Vea su palmarés.

Criticado incluso por su pupilo, Ronald Koeman, sabemos que siempre ha sido así:

Aprendí muchas cosas de él, pero existe una gran diferencia entre nosotros y es el trato que se dispensa a los jugadores. Yo nunca pongo tanta presión en los futbolistas (…), provoca miedo en el equipo. Los jugadores tienen miedo del señor Van Gaal y eso no siempre es positivo” (aparte de un artículo publicado en sport.es)

Cuando el tigre llegó al Manchester United, literalmente en el último minuto, celebré porque pensé que era el premio al sufrimiento de haberse perdido el mundial. No pensé que el fútbol lo castigaría nuevamente. En la rueda de prensa, con un inglés algo precario, dijo que estaba seguro de su éxito porque el estilo del equipo se ajustaba mucho a su manera de jugar, pero no contaba con que el MU, de la mano de van Gaal, iría a abandonar su estilo; ataques constantes y osados a punta de juego aéreo.

El mismo Paul Scholes lo dijo:

“El equipo no es fiel a su estilo ni historia. Para ganar tienes que atacar y arriesgarte. Muy pocos jugadores en el equipo actual están dispuestos a tomar riesgos” (aparte de la columna de Scholes en ‘The Independent’ referenciada por futbolred.com)

Igual, las explicaciones técnico-tácticas sobran. El caso es que para tocar el balón a Radamel le toca bajar,  ir a recibir el balón de espaldas, a unos 30 metros del arco, en un saque de banda, en lugares donde no hace ningún daño. Y las muy pocas opciones que le quedan las despilfarra, más por el desespero que por insuficiencia técnica. Incluso, por ese mismo afán, me parece que está cometiendo errores en los movimientos para rebuscase los espacios, algo increíble en un jugador de ese nivel, lo que le hace el trabajo más difícil a sus compañeros y más fácil a los defensas.

El legendario Alan Shearer acotó con acierto (según un artículo de El Espectador):

“Los defensas están contentos con un Falcao que recibe el balón de espaldas al arco y es fácil para ellos. Le quitan el balón demasiado fácil”.

 “Ayúdenlo. No los veo gritándole, diciéndole que haga algo diferente, que corra por detrás de los defensas. Sé que no lo hacen porque esto le sucede cada partido. No recibe la ayuda que debería”

“Él tiene que empezar a correr hacia la portería, huyendo de los defensores, algo que les incomode en lugar de hacerlo frente a la pelota”

Fuera de su zona, rodeado de miedos, miedosos y de angustias, con la necesidad de justificar a corto plazo la inversión que hicieron por él, ver al Tigre se ha vuelto un suplicio. Termina uno cansado de tanto pujar, con dolor de estómago y hasta con un vacío terrible cuando por ahí falla una buena oportunidad.

Pero no importa, lo seguiré haciendo porque yo creo firmemente que el fútbol le dará su revancha y quiero estar ahí, apoyándolo en lo que será sin duda una historia de superación… No seré de aquellos que se embarcarán nuevamente al bote cuando ya haya salido del pantano.

¡Paciencia Tigre!