Colombia vs. El Salvador en New York: Sueño cumplido!

Todas las expectativas que tenía con respecto al paseo a New York para ver el partido amistoso de Colombia contra El Salvador quedaron completamente complacidas, desde lo futbolístico hasta lo logístico. No me puedo quejar, hasta volví siendo una mejor persona!

Antes de entrar en los detalles de esta formidable experiencia, quisiera empezar por agradecer a quienes ayudaron a hacer de este sueño una realidad.

A mi esposa, que me alcahueteó la aventura y hasta me prestó su carro. La pobre tuvo que caminar 1.5 km para acceder al transporte en común sólo para que yo me diera gusto. A mis compañeros de aventura, Daniel Rodríguez, Eduardo Moreno y Ernesto Álvarez, quienes además de compartir conmigo el mismo sueño – con niveles de birria un poco más bajos que los míos  – y de ayudarme a bajar los costos fijos, aportaron la “mamadera de gallo” que no debe faltar en estos paseos, que sirvió, entre otras cosas, para compensar el estrés excesivo con el que manejo este tipo de paseos o salidas familiares (estaba inmamable, lo reconozco). Más de doce horas a 130 Km/h “jodiendo la vida” terminó siendo muy terapéutico para todos… incluso para mí. Por último, no podía dejar de agradecerle a la Tía Martica que nos ofreció posada con más atenciones que un hotel cinco estrellas. No podíamos esperar más ¡A lo bien!

Partido en New York

Ya entrando en lo que fue el partido, tampoco me puedo quejar. Pedí un gol de Falcao y ahí estuvo… y casi mete dos más. Pedí buenas jugadas de James y ahí las tuve. Pedí que ganáramos y ganamos…

Pero bueno, ahora veamos algunas cosas que pude apreciar desde la tribuna, aclarando que después de hablar con varios entendidos del tema y de consultar los medios, me quedo comprobado que una cosa es verlo por televisión y otra muy diferente es verlo desde las gradas.

Lo bueno: Buen partido en general, buenos goles, un poco lento en el primer tiempo pero muy bueno en el segundo, algunas cosas que me impresionaron como la técnica de Juan Quintero (¡crack!) y de James (¡cracksazo!), la velocidad de Bacca, el despliegue de Arias y los movimientos sin balón de Falcao. La entrega de los jugadores no tuvo reparos, no se notó para nada que era un amistoso. Mi temor de que irían a media máquina se esfumó en menos de cinco minutos. Todos, o casi todos, metieron, corrieron, marcaron… Excelente para el espectáculo. Por ultimo me sorprendió mucho el carisma de James. Ese se gana cualquier afición con sólo saludar. En cambio, me pareció menos espectacular la relación de Falcao con el público, raro ¿no? Con todo y que fue la figura.

Lo malo: En la defensa se notó algo de torpeza, pero es entendible pues Balanta y Franco nunca habían jugado juntos. Decepcionaron Jackson y Carbonero. No aportan nada de nada, en serio. Por último, los espacios que deja Pablo Armero se ven el doble de grandes en persona. Es casi una propuesta indecente: venga y hágame por aquí. Es cierto que en ataque aporta bastante, pero por ahí cualquier otro equipo nos da por la cabeza.

Lo feo: Del espectáculo no hubo nada desagradable, por el contrario, todo fue color de rosa, pero debo decir que algunos hinchas salvadoreños me alcanzaron a sacar la piedra. Cuatro pendejos, rodeados de al menos 300 colombianos, andaban buscándose una mala hora, lanzando ofensas y burlas hacia Colombia. Afortunadamente, los que estuvimos ahí nos comportamos a la altura y los ignorarnos… y gracias a Dios no duro mucho, ya con tres adentro se quedaron calladitos todo el segundo tiempo…

No siendo más me despido, pues ya casi empieza el segundo amistoso de la serie, ahora con la temible selección del Canadá…

Si, vuelvo a ser como cualquiera de ustedes, un hincha más al que le toca seguir viendo los partidos por televisión o peor aún, ¡por Internet!

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Colombia vs. El Salvador en New York: Ilusiones

Ranita

Mañana voy a cumplir uno de mis tantos sueños futboleros: veré jugar a la brillante Selección Colombia que tanto nos alegró en el pasado Mundial. Y no es para menos, pues viene prácticamente la misma nomina con una sola ausencia importante, la del gran Mario Yepes, pero que al mismo tiempo se ve compensada con la presencia del flamante centro delantero del Manchester United, Falcao Garcia.

Ver jugar a Colombia siempre será una gran alegría a pesar de que no se me haya dado en el contexto que hubiera querido. Me hubiera gustado más verla en el mismo Mundial (¿y a quien no?) o en el 3-3 contra Chile en Barranquilla, pero me conformo, es suficiente…

Ya empezaba a borrarse el recuerdo de aquel partido contra Brasil al que asistí por allá en el 2004 y de aquel amistoso contra el América jugado en Cartagena por allá en el 93.

Yo sé que ver a la Selección en un amistoso contra El Salvador no genera la misma emoción que en un partido de competencia oficial o que en un amistoso contra un grande de Europa, pero les aseguro me alcanza para llenar de anhelos el maletín que llevare a la espalda en mi travesía hacia el Red Bull Arena de New York (que queda realmente en New Jersey).

No podía partir a disfrutar de este evento sin compartir  – con los que todavía leen este blog – las ilusiones que me motivaron a pegarme el viaje de seis horas por trayecto desde Montreal.

La primera ilusión que tengo es que Colombia juegue un buen partido y que gane… y bueno, que al mismo tiempo se logre constatar que los conceptos tácticos del modelo de juego de Pékerman, incluyendo sus variantes, siguen sólidos, vigentes y que ofrecen garantías para enfrentar los retos que se avecinan.

Pero en realidad lo que me ilusiona como fiel hincha es que podría ver en persona un gol del gran Falcao, un par de exquisitos pases en profundidad de James, dos o tres regates con desborde y remate de Cuadrado, una que otra proyección en ataque de Zúñiga o de Armero, buenos quites en velocidad de Zapata, una buena sacada de Vargas, alguna patada dura de Sánchez, una amarilla para Aguilar (esa es fija), una que otra jugada en asociación de Teo (esa no es tan fija), etc, etc, etc…

Ah, y si por ahí se atraviesa un nuevo pase del “ras tas tas” quedaré más que complacido.

Ojalá que no me pase como la ranita que después de tener tantas ilusiones todo termina pasándosele al descubrir la cruda realidad…

¡Les cuento cuando vuelva!