Todo mal… Todo mal

El "Pibe" ValderramaNo podremos negar lo que el Pibe Valderrama dio al futbol colombiano, es algo que va más allá de ser bueno o malo, sencillamente lo hizo reconocido a nivel mundial, eso jamás se podrá olvidar o superar. Pero de verdad no salgo aun de mi asombro luego de las declaraciones del Carlos Valderrama, dándole palo al estilo callejero a Freddy Guarín, casi que retándolo a darse golpes en una esquina. No hay duda que la selección de Pékerman ha mostrado su peor versión desde la llegada de argentino al tricolor cafetero, pero ¿Lo dicho por el 10 histórico colombiano es correcto?

A mí me da pena decirlo, pero el Pibe se pasó 4 pueblos con estas insinuaciones violentas en relación a la selección y sobre todo con Guarín, el cual si es cierto que hizo alusión al samario pero en un tono totalmente distinto, me imagino que sin imaginarse la amarga reacción del ex futbolista del Junior de Barranquilla.

Volviendo a la pregunta del final del primer párrafo, considero que si hay personas con autoridad para dar su opinión son los grandes de la década de los 90s, pero por favor que no se crean los que nunca jugaron mal, o los que nunca tomaron una decisión incorrecta en su vida; porque está claro que sí lo hicieron como humanos que son.

La parte más incomprensible de este penoso hecho es la acusación de falta de “huevos” proferida en dirección de la selección en sus últimos dos partidos, y entonces ¿Qué pusieron estos muchachos el día vs Uruguay en el mundial de Brasil? Esos huevos nunca los tuvieron los genios del equipo de Maturana y Bolillo. Estos muchachos nos han llevado a la mejor ubicación FIFA de la historia, llevamos más de 1 año como top ten del escalafón FIFA, nos metieron en cuartos de final… por favor!!!

Para terminar, debo decir que este reclamo me surge solo por las formas utilizadas por el Pibe, no porque crea que no merecen un jalón de orejas, pero sencillamente no rezo con estas actitudes amenazantes de ex futbolistas, que fueron grandes, pero que deberán aprender a mirar con más respeto a la mejor generación que hemos tenido en Colombia. Los Valderramas, Asprillas y Rincón abrieron el sendero, pero los actuales son los que mejor nos han representado llegando a instancias exclusivas, a las cuales nuestros ancestros futbolísticos jamás lograron acceder, sobre todo con esa constancia de permanecer varias temporadas como jugadores de nivel mundial.

Por: @juliuspinedo

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¿Por qué no puedo amar a James Rodríguez?

jamesrodriguezcalzoncillos

La verdad es que quisiera amar a James y vivir ilusionado, por allá en las nubes, y tenerle su altarcito, como la gran mayoría de los colombianos, pero no, ¡no puedo!

Y aunque no lo crean, no tengo nada en contra de él, en serio. Solo les digo, parafraseando aquella frase de cajón que usan muchas mujeres para justificarse cuando le han terminado a buen tipo:

“Es que no es él, soy yo”

Sí, soy yo, y ni yo mismo lo puedo creer. Tanto tiempo soñando con que un colombiano lograra todo lo que ya ha logrado y no soy capaz de convertirlo en mi ídolo. Tanto tiempo esperando que llegara aquel que remplazaría y sobrepasaría al gran “Pibe” Valderrama (mi único y verdadero ídolo) y cuando llega, me resisto a rendirme a sus pies. No lo entiendo, o bueno, no lo entendía…

La respuesta la encontré hace unos días cuando analizaba la fuente de mi desamor y descargaba esa frustración con mi amigo Juan Carlos (caricaturista invitado de este blog).

Primero pensé que todo se debía a su llegada al Real Madrid. Siendo yo barcelonista era lógico que James se convirtiera automáticamente en mi enemigo, pero no, no es eso. Lo sé porque cuando se enfunda la amarilla, se me olvida y de enemigo pasa a aliado como si nada hubiera pasado. De hecho, con la blanca (o la rosadita) le hago fuerza para que juegue bien y para que no lo vayan a sentar, uno de mis grandes temores cuando lo ficharon (y la verdad me ha sorprendido su fortaleza mental e inteligencia emocional… A veces pienso que no es colombiano, ¡uy! ¿escribí eso?).

Entonces, ¿por qué no lo defiendo a capa y espada? ¿Será que soy un ¡malpa…triota!? ¿Es quizás este desamor consecuencia de algún viejo resentimiento que le tengo a mi querida y caótica Colombia? No lo creo. Al menos si hay algo que me une a mi país es el fútbol. Como consecuencia, todo brillo de cualquier jugador colombiano en el exterior es motivo de orgullo, más no de idolatría desmedida.

Busqué entonces excusas en lo futbolístico. De pronto es que no me gusta su estilo. No, tampoco. Su técnica es exquisita, su visión y lectura de juego son increíbles, su carácter en la cancha es de admirar, no se le arruga a nadie, saca la casta cuando hay que sacarla, en fin, es el Pibe pero con goles…

Quizás es que me molesta su falta de sacrificio y sus destellos de agrandado. ¡No!, eso es del pasado. El tiempo y el mismo James terminaron por darles la razón a Carlos Antonio Vélez y a Claudio Ranieri. James se volvió un jugador completo que ayuda a marcar y que participa en las dos fases del juego. El veneno que podia haber por ahí también se fue diluyendo. No es eso tampoco.

Pero entonces, ¿por qué carajos no he podido caer rendido ante sus encantos?

Es una cuestión de subconsciente y el daño ya está hecho. No soy capaz de ilusionarse desaforadamente por ningún jugador colombiano y no importa si me dan motivos válidos. Trágicas experiencias del pasado, empezando por el doloroso mundial del 94, y traumas de infancia como John Édison Castaño, Giovanni Hernández y Johnier Montaño, entre otros, me han enseñado que ponerse a idolatrar a los futbolistas, exaltarlos, echarles flores, cubrirlos de oro y ponerlos a desfilar en calzoncillos no es más que prepararles la pista para un aterrizaje forzoso, es agrandarlos, es distraerlos y abrirles la grandota puerta del fracaso (sobre todo si es colombiano, ¡uy! ¿escribí eso?).

Portada del diario Marca de España
Portada del diario Marca de España, 10 de abril del 2015

Por eso me niego a idolatrar a James como lo hace la mayoría de los colombianos, por eso continuamente me peleo con muchos de ustedes para bajarlo del pedestal, por eso yo no difundo los cuentos de hadas de la prensa colombiana y menos aún los de la española -ese humo negro, amargo, espeso y corrosivo- y prefiero admirar su talento de otra manera, una manera más centrada y realista, menos folclórica y colorida (es de aburridos, amargados, lo sé).

Me niego a amarlo como ustedes porque no quiero verlo fracasado, porque sé que ese amor nos hace daño a todos y conlleva al fracaso y yo no quiero sufrir. Ya he sufrido mucho por fútbol.

Me niego a amarlo como ustedes porque en el fondo le tengo un “amor” diferente: ese amor que esconde las explosiones de efusividad dentro del pecho con el fin de protegernos a todos de los efectos nocivos de optimismos desaforados e infundados, ese amor que acompaña en silencio, desde lo lejos, y que goza con mesura de los logros de otras personas, de otros compatriotas.

Así me hizo el fútbol y así disfruto a mi manera de las esporádicas gestas de nuestro glorioso deporte nacional.

Pd. James, por favor, ¡no le vayas a meter goles al Barcelona!

Que la auyama le da fuerza a los futbolistas y otras artimañas

Auyamas deliciosas

Por aquella época, cuando pesaba aproximadamente los mismos 20 kilos que hoy tengo de sobra, y no había poder humano que me hiciera comer (¡increíble!), no les quedó más remedio que valerse de viles artimañas para hacerme ingerir algo de comida y ver si engordaba un poquito y cogía colorcito.

Estaba tan flaco que se me veían las costillas, estaba como amarillento, y se me veía la cabeza más grande (¡de lo que de por si ya es!). Además, me veía orejón, y si a eso le sumamos que andaba mudando los dientes, pues, imagínense la preocupación de mi mamá.

Así pues, valiéndose de mi amor por el fútbol, ya bien desarrollado por ese entonces, insistieron tanto en meterme “cuentos chinos” para que comiera, que a la larga me los terminé creyendo.

Fue a mediados de 1990 (tenía unos ocho años), en pleno mundial de Italia, cuando me dijeron que la auyama le daba “fuerza” a los futbolistas de la Selección Colombia y que todos, incluyendo al “Pibe” Valderrama, Rincón, Higuita, Leonel, etc. habían pedido expresamente que les llevaran desde Colombia sus propias auyamas para poder alimentarse bien y tener fuerza para jugar los partidos y meter muchos goles (¿no les parece tierno?)… En fin, como ingenuamente me comí el cuento, de ahí en adelante me llevé una “tunda” de auyama en todas sus presentaciones; en cremita, dentro del sancocho, con concha, sin concha, sancochada, en puré, etc. Tanto fue, que todavía es la hora y cuando veo la repetición del gol de Rincón a Alemania en el Giuseppe Meazza, siento un delicioso aroma a cremas de auyama que me golpea la nariz (seguramente se trata de algún truco de esos que el subconsciente nos suele hacer).

Crema de auyama

Aquí les dejo la receta: http://www.recetasgratis.net/Receta-de-Crema-Auyama-receta-26345.html Tip: agregar papa o harina para espesarla un poco.

Después, con la misma historia y aprovechando la “lavada de cerebro” ya realizada por Popeye, introdujeron la espinaca al menú, y claro, volví a caer en la trampa. Habían encontrado en el fútbol la clave para hacerme comer cualquier cosa…

Como ya habían logrado despertarme el apetito (gesto noble, aunque ignoraban que estaban creando un monstro), era la hora de aprovechar para hacerme ingerir más calorías que las que gastaba jugando para ver si ganaba peso. Y entonces fue cuando mi mamá terminó siendo víctima, ahora ella, de las artimañas de las que se valían los grandes productores de suplementos alimenticios para vender sus productos (casi todos engañosos, pero sabrosos). Y yo, ni corto, ni perezoso, también me dejé persuadir por todos esos memorables slogans que nos prometían fuerza y energía para meter más y más goles, como efectivamente lo hacia la auyama (?).

Entonces, disfruté a placer del desfile que pasó por la despensa de mi casa. Pasaron por ahí todos; el Cal-C-Tose, el Sustagen, la Cola Granulada de JGB, el Chocolisto, la Colada Maizena, las Zucaritas (saca el tigre que hay en ti), la Pony Malta (bebida de campeones) y por supuesto, el siempre popular e infaltable Milo (te da energía, ¡la meta la pones tú!)…

Pony Malta James Rodriguez

Pero es que sabían darle al clavo (o al menos los de Nestlé). Por ejemplo, el día en el que llegó a mis manos una lata de Milo que tenía la imagen de un jugador de fútbol haciendo una media volea, no pude evitarlo, fue amor a primera vista, ¡chocolate y fútbol!.. ¡Genios!

Milo Futbol

En fin, me toca aceptar que esos 20 kilos que hoy tengo de sobrepeso fueron paradójicamente causados por el mismo fútbol, acumulándose desde aquel verano del año 1990 cuando la auyama entro a mi vida por las “vías del fútbol” y lograron, a punta de artimañas, despertar en mí un don que tenía oculto:

¡Siempre tengo hambre!

Meme - Siempre tengo hambre