¿Quién es? ¿Quién es? Yo lo voy a decir…

hinchas-deportivo-cali-hinchada

Por ahí dicen que para triunfar en la vida uno no puede estar tratando de complacer a todo el mundo… Seré yo entonces un fracasado porque hoy trataré de complacer a un amigo que se me alcanzó a resentir cuando leyó la nota que le hice a los hinchas del América de Cali hace unas semanas… Así las cosas, hoy hablaremos del glorioso Deportivo Cali…

Nota: Si usted no es ni del Cali ni del América, mejor no siga leyendo… cosa que no me toque hacer otras entradas para complacer a los hinchas del Junior (tu papá!), de Millos, del Santafecito lindo, del verde, del poderoso, del blanco-blanco, de los heroicos, de los motilones, del ciclón bananero, de los pijaos, de los bucaros, etc…

Empecemos diciendo que si hay algo que sobresale del Cali es su encopetada hinchada, de la cual comprobé empíricamente que tiene la particularidad de defender al club más por lo institucional y administrativo que por lo deportivo (sin decir que menosprecian sus puntuales gestas futbolísticas). Morir en la suya en 1955 (el equipo desapareció) para después renacer al año siguiente, tuvo que haber sido equivalente a ganar la Copa Libertadores.

Sin pasar por “lambón”, considero que esta actitud es un rasgo casi exclusivo de las grandes organizaciones deportivas como Ferrari, el Barcelona FC, el Manchester United, el Real Madrid, los Yanquis de Nueva York, los Canadienses de Montreal, entre otros, que ante los periodos de pocos triunfos, han sabido mantener casi intacta su institucionalidad, principios y valores, lo que enorgullece particularmente a sus seguidores, así no sean socios activos.

De cierto modo los del Cali tienen de qué ufanarse; organizacionalmente es el único club que funciona como verdadero club, con sedes y canchas para sus socios (y hasta donde entiendo todavía no se ha convertido en una sociedad anónima con el lógico ánimo de lucro que esto contrae al existir inversionistas). El principio de “club” desde el punto de vista económico se entiende como el acceso a un bien colectivo (implica que se puede compartir) pero que es de uso exclusivo del conjunto de personas o miembros que se unieron para adquirirlo y al que no podrían hacerse sin la unión de sus esfuerzos. Entendiendo el bien como el goce del fútbol en toda su amplitud, la recreación y el esparcimiento, el Cali cumple a cabalidad con la definición. De hecho, la sobrepasa.

Una muestra de la grandeza de los miembros del Cali fue la donación sin remordimientos de 1.800 millones de pesos que hizo la empresaria azucarera María Clara Naranjo para cumplir lo que le dictó un sueño en donde se le apareció su tío y gran empresario del fútbol valluno Carlos Sarmiento Lora  (Vea aquí la nota), ayudando así a evitar una crisis por falta de liquidez.

Además, el Deportivo Cali es el único Club que tiene su propio estadio y aunque terminó siendo “el criadero de mosquitos más grande del mundo”,  la idea en si era muy buena. He visto cosas peores, como los 1.500 millones de pesos anuales que la gente Millos le pagó a Pórtoles por no hacer nada… Y aquí la idea nunca fue buena o peor, creo que nunca hubo una idea…

Nuevo estadio Cali

Por último, se enorgullecen porque no se dejaron infiltrar por el demonio del narcotráfico (no me consta) a pesar del coqueteo que les hicieron los Rodríguez Orejuela antes de irse para el América de puros ardidos porque la alta alcurnia caleña no los dejo entrar (Ojo, no me consta).

Solamente había algo que no entendía hasta hace poco de la gente del Cali, su canción-himno: Pachito E’che.

Si uno se pone a ver, es un porro, ritmo original de la costa atlántica colombiana, se lo dedicaron a Francisco Echeverri, un empresario paisa que nunca tuvo nada que ver con la cuidad de Cali, pues se consolidó en la industria hotelera capitalina, y además dicen que curiosamente fue escrita por el músico Alex Tovar para saldar una cuenta del Hotel Granada (en Bogotá) por allá en los 50s.

¿Cómo fue a parar esta canción al Pascual Guerrero? Explicaba Hernán Pelaez recientemente en el Pulso del Fútbol que los locutores de Todelar (Samuel Duque, entre otros) la ponían por esas épocas en los altoparlantes del estadio durante los entretiempos de los partidos. Esta explicación evidentemente no me satisfizo, pues era claro que algún detalle importante hacia falta… Finalmente encontré la historia completa aquí:

https://es-es.facebook.com/notes/las-porristas-del-deportivo-cali/pachito-ech%C3%A9-un-porro-hecho-himno/262299570480875

En fin, ya en lo deportivo, al Cali le guardo cierto resentimiento por dos razones: Uno, le gano a mi siempre querido y abandonado Real Cartagena en la única final del FPC que ha disputado con dos tantos de Rodallega (pa’ rematar!) en el 2005. Dos, me hizo ilusionar con la Libertadores del 99 pa’ después salir con nada!… Pero ahí está, es de los grandes de Colombia y además parió a Yepes, autor del “gol que no fue” más mencionado en la historia de los mundiales!

¿Quién es? ¿Quién es? Yo lo voy a decir… Cali! Cali!

Anuncios

Hágalo por Colombia: identifique a su amigo “salao”

Refisal

Todos tenemos amigos como el gordo, el flaco, el negro, el gringo, el calvo, el mono, el orejón, el cabezón, etc… todos o casi todos fáciles de reconocer,  sin embargo ese amigo que seguramente tiene y que “sala” inescrupulosamente sus ilusiones futbolísticas es desafortunadamente más difícil de identificar.

Por eso, en vísperas del debut de Colombia en Brasil 2014, hago un llamado desesperado a todos los colombianos para que hagamos el esfuerzo de identificarlo claramente y nos abstengamos de ver los partidos de Colombia en compañía de dicha persona.

No es que recomiende que seas mal amigo, pero es mejor inventarse alguna excusita y después celebrar juntos la victoria, que compartir una tarde de sufrimiento mundialista y lamentarlo por cuatro años o más…

No crean, es una tarea difícil, llevo varios años intentándolo y aunque tuve varios candidatos, nunca lo pude confirmar (lo que me tiene sumamente preocupado).

He aquí los detalles de mi búsqueda (no daré nombres para no herir susceptibilidades):

Sospeché inicialmente de un gran un amigo con el que iba de vez en cuando a ver partidos del Real Cartagena en la B (cuando la B no se veía). Generalmente no había necesidad de la presencia de alguien “salao” para que el Real perdiera, pero si me di cuenta que cuando iba con mi amigo los partidos resultaban espectacularmente malos y que casi siempre quedaban 0-0. Para mí, eso ya era ser “salao”… ¡Ni un golcito! Un día, por pura casualidad se sentó en una grada más abajo y justo cuando se voltio a preguntar algo, el equipo visitante (Alianza Petrolera o alguno de esos de la B que andan subiendo a la A como si nada) metió un golazo de chilena y mi amigo no lo vio… Cuando terminó el partido 0-1, le dije: ¡Rafa, tu si eres de malas! (oops!)

En otra oportunidad, un fresco domingo de diciembre, cuando veíamos un partido de la semifinal del fútbol colombiano que ganaba Nacional 2-0, Rafa (ya se me salió ¿Qué hago?) no se cansaba de repetir: El 2 a 0 es el resultado más peligroso del fútbol colombiano. Faltando 15 minutos le metieron el 2-1 y en el último minuto les empataron… Rafa, furiosísimo, intentando pasar por sabio para disimular lo “salao”, lanzó furibundo un reclamo hacia los cielos  – ¡Dios mío! ¿Por qué me hiciste tan sabio? (Risas…)

Gracias a los últimos títulos del Nacional (sean o no obra y gracia de Imer Machado) y a la “Decima” del Real Madrid, tuve que abandonar esa hipótesis.

Imer Machado Nacional

Seguí en mi búsqueda y encontré otro del que sospeché porque hacía que mis partidos en la playa se me volvieran un suplicio. Después caí en cuenta de que no podía confundir ser “maleta” con ser “salao” y lo deje quieto. Al fin y al cabo, cuando el Yérman me acompañaba a ver al Real Cartagena había goles y hasta ganábamos… (oops!)

Sospeché de otro amigo por la simple razón de que era hincha del Deportivo Cali. El Cali no ganaba nada y yo suponía que era por su culpa y temía que su sal se desbordara y corroyera mis ilusiones.

Cuando me fui de Colombia, pensé que me había librado, ¡pero no!… Mi amigo inmigró también al Canadá. Cuando llegó me dijo que iba a empezar a ver hockey y a hacerle fuerza al equipo Los Canadienses de Montreal que venían en buena racha, pero su sal era de tan alta pureza que traspasaba las finas sedas de las fronteras deportivas y empezaron a perder… ¡ya esto era mucha sal! El día del partido definitivo de la serie semifinal traté de distraerlo para ver si pasábamos a la final de la NHL y lo llamé y le dije: Jorge, están pasando el partido del Cali por Goltv!, pero fue muy tarde… (oops!)

Su candidatura finalmente no fue retenida porque con él disfrute de los mejores partidos de la selección Colombia de Pékerman y además corroboré (en Wikipedia) que el Cali si había sido campeón del FPC en 1998 y en el 2005 cuando le ganó “sorpresivamente” al Real Cartagena con dos goles de Rodallega (hay que ser muy de buenas para ver eso). Además, últimamente lo veo feliz y contento por aquello de que su sueño de ver al América en la B al parecer se prologará por mucho tiempo…

Amercia en la B

Mi último sospechoso fue un gran amigo que conocí acá en Canadá. Ese man nunca había mostrado interés alguno por el fútbol, pero sorpresivamente empezó a acompañarnos sin falta en los partidos de Colombia por las eliminatorias a Brasil 2014. No sospeche al principio pues los resultados se nos estaban dando, pero después me di cuenta que cuando Venezuela nos ganó en Puerto Ordaz, él estaba ahí con nosotros viendo el partido, cuando Uruguay nos ganó en Montevideo, él nuevamente estaba ahí y después recordé que cuando México nos eliminó en el mundial Sub-20, él también estaba ahí casualmente…

Otro hecho que apoyaba mi hipótesis fue que caí en cuenta que el man era un “experto en sal”, pues fue él quien me enseño que la carne “de la cara” debe asarse con Sal Kosher y no con salsa BBQ (se la tiran, en serio!) y que aplicar la sal correctamente era todo un arte.

Carne asada

Ahora, pensándolo bien, se salva porque cuando le metimos los 3 a chile en aquel segundo tiempo de Barranquilla, el Carli estaba ahí con nosotros, en pleno desorden… (oops!)

Todo esto me lleva a una desafortunada conclusión: lo más probable es que sea yo mismo mi amigo “salao”… Le hice fuerza al Barça y se acabó la magia, le hice fuera al Atlético de Madrid y se acabó la garra, le hice fuerza al Junior y nada, y hasta le hice fuerza al Nacional y no pudo con equipito Uruguayo en la Libertadores… (puta!)

Igual, de malas, ni crean que no me voy a ver los partidos de Colombia en el Mundial… Y le confirmo a mi amigo “el negrito” que me invitó a su casa para el partido contra Grecia que allá estaré y que no se preocupe, me llevare un poquito de azúcar en los bolsillos pa’ nivelar. #VamosColombia

Por @ivanj_ortega

Los cartageneros somos infieles por naturaleza

Infidelidad futbolera-final

Señora, ¡espere!, no se vaya a poner a pelear con su marido. Tampoco se vaya a poner a revisarle el Inbox o el Whatsapp. ¡Cálmese!, no estoy hablando sobre ese tipo de infidelidad. Lo que sucede es que los cartageneros tenemos un don especial, nacemos con él, se ha ido transmitiendo genéticamente de generación en generación; los cartageneros amantes del fútbol tenemos la extraordinaria capacidad de celebrar a rabiar triunfos ajenos y de sufrir hasta el llanto las derrotas de otros. Además y no menos asombrosa, también tenemos la capacidad de cambiarnos de equipo con la misma facilidad que el Dr. Juan Manuel Santos cambia su discurso político.

Empecé a darme cuenta que tenía este don a muy temprana edad cuando cursaba la primaria. En ese entonces tenía un amigo caleño y un amigo paisa, cuando en Colombia habían prácticamente solo dos equipos, América y Nacional. Si en el recreo discutía o peleaba con uno, automáticamente era hincha del equipo del otro. Así fue como por varios años fui hincha de América y Nacional al mismo tiempo. También tenía un amigo que era del Junior, al que acudía cuando me peleaba con ambos, aunque como sabía que no había posibilidad de festejar nada, volvía rápidamente a uno de los dos poderosos, generalmente al Nacional, por aquello de que era la base de la selección.

Dicho esto, podría decirse que por aquellas épocas yo era oficialmente un “joperista” según lo explica el gran filósofo Barranquillero Trespalacios “El Propio”.

Ey! Explíquenme esta nota. SUSCRIBETE a mi canal en Youtube trespalacioselpropio

A post shared by Trespalacios el Propio! (@trespalacioselpropio) on

Pero que tengamos este particular don no es pura casualidad. Resulta que nosotros, los pobres cartageneros, no tuvimos equipo profesional por mucho tiempo y para cuando lo trajeron ya era demasiado tarde, ya teníamos la capacidad de ser hinchas de equipos de otros lugares del mundo y de cambiar recurrentemente de colores. El hecho que nuestro siempre querido Real Cartagena no nos correspondiera en lo futbolístico agudizó un poco este don, pero creo que, aunque le hubiera ido bien, este gen ya se había desarrollado demasiado y ya estaba arraigado a nuestro promiscuo ADN futbolero.

Como cartagenero se supone que soy hincha del Real, pero le he sido infiel muchas veces. Algunos más descarados consideran al Real más bien como el cacho, la amante, la moza, con la que se divierten un rato, pero con la nunca llegan a ilusionarse. Un gran amigo (@Jucaes1_) hace poco me confesó – Yo era de la barra brava del Real, pero soy americano. Casi entre lágrimas le respondí – yo soy hincha del Real, pero soy juniorista.

Tenía cierta lógica, el Junior (¡Tu papa!) era lo más cercano que nos podía regalar triunfos y fue mi primer desliz oficial desde la aparición del Real. Ese cariño nació en la final del 93 cuando Mackenzie se sacó a Oscar Córdoba y metió un golazo que nunca olvidare. Al Junior, muchos cartageneros lo queremos, algo que por ejemplo en Argentina sería inconcebible si se supone que es nuestro rival de patio.

En algún momento, siendo hincha del Real y del Junior, también fui hincha del Deportivo Cali. Un amigo caleño empezó poco a poco a meterme ideas raras en la cabeza y cuando vine a ver andaba en la Renoleta 9 de mi mamá con la bandera del Cali, pitando y cantando “Pachito Ehe”. La gente se nos quedaba viendo como bichos raros. Un taxista nos preguntó – Aja cuadro ¿y quién fue que ganó?, le respondí con un acento caleño bien trabajado – Mirá vé, ganó el Cali ois, estamos en la final de la Libertadores… El man nos bembio y siguió su camino. En la final, por culpa de Martin Zapata, a quien se le dio por cobrar el penalti a lo bruto, el Cali perdió a su más fervoroso y fugaz hincha. Aprovecho este instante para pedirle disculpas a mi amigo de infancia, ese que era del América, pues un par de veces lo “obligué” a que nos acompañara a las celebraciones del Cali. Ahora caigo en cuenta que el plan tenía que ser jartisimo para él. ¡Qué pena checho!

Sufrí y celebré con el blanco blanco en el 2004. Ahí, otra vez, me volví hincha de otro equipo. Ese triunfo lo disfruté con “el ernie”, un amigo “joperista” (cartagenero hincha del Nacional), que como era de esperase, ese día también vistió su corazón de blanco blanco. Claro que también fui hincha de Boca Juniors, haciendo la claridad que esto solo fue cierto siempre que no se le cruzara a cualquier equipo colombiano en la Libertadores. En realidad, los cartageneros nos volvemos hinchas que cualquier equipo de Colombia que vaya a jugar afuera. Rescato que por lo menos le somos fieles a la patria.

Ya que lo menciono, también tenemos la prodigiosa capacidad de compartir nuestro corazón con clubes extranjeros, especialmente de Europa. ¿Qué tal con el Barcelona de Guardiola? Había más catalanes en Cartagena que en Catalunya, lo que naturalmente hizo que aparecieran cartageneros más madridistas que el Generalísimo Franco. Ahí estamos pintaos, aunque de esta si hago una salvedad, yo si era hincha del Barça desde hacía ya un tiempo, digamos que desde el Barça de Rivaldo, Kluivert, Cocu, de los hermanos De Boer y otros holandeses. Bueno, eso fue un poco después de haber dejado de ser hincha del Manchester United que me robó el corazón en dos minutos en la final de la Champions frente al Múnich.

En Italia fui hincha del Parma por lo del “Tino” Asprilla y lo hubiera sido del Atalanta, si Valenciano se hubiera adaptado a que no vendían fritos a las afueras del estadio. Terminé siendo hincha del AC Milán, más porque así se llamaba el equipo donde jugaba en la universidad que por otra cosa.

…en fin, esa es nuestra realidad, es así como los cartageneros vivimos el fútbol, teniendo “amores” intensos y esporádicos con diferentes equipos de todas partes del mundo y comiendo en casa sólo cuando nos conviene…

Un último mensaje : Señora, usted “tranquis”, que ya con la cachera que le metemos al Real Cartagena tenemos suficiente. Eso sí, si su marido es de Cartagena, le gusta el fútbol y es  única y exclusivamente hincha del Real Cartagena, ¡preocúpese!

Por @ivanj_ortega

De cuando llegó el fútbol profesional a Cartagena

Por aquel tiempo, cuando en Cartagena se vivía de unos triunfos lejanos en el beisbol, cuando a los niños se les animaba para que jugaran a la pelota caliente, cuando se libraba una guerra silenciosa entre el fútbol y el beisbol en la cuidad, llego una afortunada desgracia a la cuidad de Santa Marta que lo cambiaria todo en Cartagena y decretaría el fin de esta guerra a favor del fútbol.

Fue por allá en 1991 cuando los directivos del Unión Magdalena se dieron cuenta que no era rentable jugar en Santa Marta y decidieron probar en Cartagena. El equipo se llamaría Unión Lotería La Cartagenera, que después fue abreviado a Unión La Cartagenera. Hasta entonces, el único vínculo de Cartagena con el fútbol nacional era Wilmer Cabrera (hasta donde mi conocimiento me da, un cachaco nacido “de leche” en Cartagena) y Jaime Morón, un rapidísimo delantero cartagenero que fue figura en el club Los Millonarios en los 70s y que jugó algunos partidos con las selecciones Colombia en diferentes categorías. Me cuentan también que por allá en los 70s, el Bucaramanga, al parecer por los mismos motivos que el Unión, vino temporalmente a Cartagena y se llamó Real Cartagena. Ese experimento tampoco duro mucho.

En todo caso, por lo que recuerdo de lo que viví en esa época, creo sin temor a equivocarme que la llegada del Unión fue la estocada final. El fútbol ya se imponía poco a poco, no solamente porque era más barato y fácil practicarlo, sino porque también en el fútbol habían figuras y referentes de altísimo nivel, de esa generación que Maturana descubrió en los 80s y que emocionaba a todo un país con sus logros, estilo y resultados. Los mismo pelaos que uno se encontraba en las prácticas de beisbol eras lo mismos que te encontrabas más tarde en las prácticas de fútbol. Cuando llegaron Rentería y los hermanos Cabrera ya era muy tarde. Cartagena nunca olvido el beisbol ni muchos menos, de hecho, ahora más que nunca siguen saliendo peloteros para la MLB, pero ya no es ese deporte de masas que estaba arraigado a la cultura cartagenera.

En fin, cuando llego el Unión, el furor fue impresionante. Al fin íbamos a tener fútbol profesional en el legendario (aun sin terminar y cayéndose a pedazos) estadio Olímpico Pedro de Heredia (ahora llamado estadio Jaime Morón). Dicho sea de paso, no entendí nunca eso de Olímpico. Igual, nada más pasar por ahí, hacía soñar a miles de Cartageneros.

Estadio destruido

Por cosas del destino, fue mi mama la que nos llevó, a mi hermano a mí, al estadio a ver el primer partido. Unión La Cartagenera vs. Los Millonarios. Llegamos tarde, muy al estilo costeño, y ahí como pudimos entramos a la sección de sombra (sección que en la mayoría de los estadios se llama occidental). La sección oriental, norte y sur era llamada Sol, y era de sol, pero de sol bravo. No habían sino unas gradas de cemento quebrado alineadas con el centro del campo y el resto era monte y piedras. Con ese monte seco vi varias veces unos hinchas hacer fogatas y brincar todo el partido alrededor del fuego con una pancarta del Che Guevara (“exijo una explicación” como diría Condorito). Finalmente, ese día nos fuimos colando al segundo piso cuando iban como 30 minutos del primer tiempo. Como solo pudimos llegar a subir las escaleras, porque a cualquiera que intentara subir más allá le mentaban la madre, nos vimos lo que faltaba del primer tiempo arrodillados, a través de los huequitos de las barandas (me recordó mucho cuando tocaba verse las películas sentado en las escaleras del teatro Cartagena). Desde ahí se veía gente trepada en la Plaza de toros viendo el partido de “gratiniano”.

Union la Cartagenera vs Millonarios

El partido era lo de menos para mí mama, ella se juagaba un partido aparte con los nervios. No era para menos, esa vaina parecía que se iba a caer. Parecía pegado con mocos. La verdad, yo tenía miedo también. Aprovechamos el entretiempo para retomar fuerzas y bajamos, pero no fuimos capaces de volver a subir. Nos acomodados en la zona baja, cerca de la salida del camerino local, y ahí, desde un ángulo menos atractivo, nos terminamos el partido.

Me llamo la atención la fuerza con la que soplaba la brisa. En cualquier balón aéreo o saque de meta, era impresionante como el balón se detenía en el aire. Era como si el ciclón bananero se hubiera traído con él la tronco de brisa que hacia allá, en el Eduardo Santos de Santa Marta. También me sorprendí cuando por primera vez escuche a más 10 mil personas gritarle “hijueputa” a una misma persona. Era un corito pegajoso que re repetiría muchas veces en ese estadio al cual me unía siempre que el “hijueputa” del árbitro se lo mereciera. ¿Cierto que se sentía un fresquito? ¿No se si recuerdan también a un man que se paseaba en la planta baja de un lado para otro y cada vez que pasaba le gritaban “SAPO, SAPO”?, ¿Alguien sabe quién era y porque le gritábamos así?

Si la memoria no me falla, recuerdo especialmente a dos jugadores. Al Loco Jorge Rayo, un arquero que me parecía bastante bueno pero que muchos consideraban una imitación de tres pesos de Rene Higuita. El otro era el “Rambo” Sosa. No sé si era tan infalible como lo recuerdo pero era el referente de ataque y le vi varios goles al estilo de Cabañas. Ese día en Millonarios tapó un tal Oscar Córdoba.

Real-CartagenaEl Unión volvería poco tiempo después a ser nuevamente el Unión Magdalena de Santa Marta, pero no se llevó el fútbol con él. El Sporting de barranquilla, un equipo sin muchos hinchas, termino en Cartagena. Fue un movimiento lógico después de haber despertado al monstro de la afición por el fútbol en Cartagena. Había mercado y el billete estaba ahí. Así nació nuestro amado Real Cartagena que conocemos hoy.

La felicidad no duro mucho. Casi que simultáneamente crearon ese cuento del descenso a la categoría B del ultimo equipo del torneo del fútbol profesional. El primer  equipo en descender ya tenía nombre. Se sabía que seriamos nosotros. Ese año fue literalmente la crónica de una muerte anunciada. El Real bajo a la B y duro ahí mucho tiempo. Volvió a la A y alcanzo a jugar una final contra el Deportivo Cali. Desbarataron al equipo, cambiaron de técnico y lo condenaron nuevamente a la B, que nuevamente lo recibió con los brazos abiertos. El Real se convirtió en el primer equipo en descender dos veces (creo que el Cúcuta acaba de lograr la misma hazaña). Precisión : a la fecha ya van cuatro descensos.

 Cartagena siguió y seguirá acompañando al equipo y no quedaron dudas de que el amor por el fútbol sobrepasó los infortunios de nuestro equipo profesional. Cartagena siguió siendo tierra de fútbol y gracias a eso y a una buena gestión del gobierno distrital, la FIFA la acepto como sede para algunos partidos del Mundial Sub-20 que se jugó en Colombia en 2011.

Estadio Jaime Moron

El estadio, completamente remodelado, quedo a la altura de las exigencias FIFA para albergar lastimosamente partidos de la B del fútbol colombiano. Una verdadera lástima para esta afición que ya demostró que merece más.